¿Por qué tengo miedo a equivocarme? Cómo dejar de bloquearte al tomar decisiones

¿Tienes que tomar una decisión y empiezas a pensar en todo lo que podría salir mal?

Quizá comparas todas las opciones, buscas información durante horas, preguntas a varias personas qué harían o retrasas la elección porque ninguna alternativa parece completamente segura.

A veces no es que no sepas qué quieres. El miedo a equivocarte puede hacer que una decisión normal parezca mucho más importante, peligrosa o irreversible de lo que realmente es.

Puede ocurrir al decidir si cambiar de trabajo, terminar una relación, empezar un proyecto o aceptar una oportunidad. Pero también puede aparecer con decisiones aparentemente pequeñas: qué comprar, qué responder, qué opción elegir o si merece la pena hacer algo.

El problema puede intensificarse cuando intentas encontrar una opción perfecta y eliminar cualquier posibilidad de error. Cuanto más buscas una garantía absoluta, más difícil puede resultar decidir.

Además, el miedo no siempre se centra en el error en sí. Puede estar relacionado con el miedo al fracaso, la opinión de los demás, el perfeccionismo, la necesidad de aprobación, la inseguridad o la dificultad para tolerar la incertidumbre.

La investigación sobre perfeccionismo ha encontrado asociaciones entre la preocupación excesiva por los errores, las dudas sobre las propias acciones y los síntomas de ansiedad, aunque esto no significa que toda persona que tenga miedo a equivocarse presente un trastorno.

En este artículo descubrirás por qué puedes tener miedo a equivocarte, cómo saber si ese miedo está bloqueando tus decisiones y qué puedes hacer para empezar a decidir sin necesitar certeza absoluta.

Importante: este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud mental. Si el miedo a equivocarte provoca un malestar intenso o interfiere de forma importante en tu vida diaria, puede ser recomendable consultar con un profesional.

¿Por qué tengo tanto miedo a equivocarme?

No existe una única causa.

Para algunas personas, el temor está relacionado principalmente con el perfeccionismo. Para otras, con el miedo al juicio, experiencias anteriores, inseguridad o necesidad de aprobación.

También puede existir una dificultad para aceptar que cualquier decisión importante implica cierto grado de incertidumbre.

En muchas ocasiones, varios factores aparecen al mismo tiempo.

Una diferencia importante está en cómo interpretas un error.

Puedes pensar:

“He tomado una decisión que no ha salido bien.”

Pero también puedes interpretarlo como:

“No sé tomar decisiones.”

O incluso:

“Si me equivoco, demostraré que no soy suficientemente capaz.”

Cuando un error pasa de ser un acontecimiento concreto a convertirse en un juicio sobre ti, la siguiente decisión puede empezar a generar todavía más presión.

1. Puede que no tengas miedo al error, sino a sus consecuencias

Piensa en una decisión que estás evitando.

Es posible que el pensamiento no sea únicamente:

“¿Y si me equivoco?”

Sino:

“¿Qué pasará si me equivoco?”

Tal vez imaginas que tendrás que afrontar críticas, decepcionar a alguien, perder una oportunidad, arrepentirte o descubrir que elegiste mal.

En ese caso, el miedo no se dirige solamente al error. Se dirige a todo lo que imaginas que ocurrirá después.

Una pregunta útil es:

¿Qué es exactamente lo que temo que ocurra si me equivoco?

La respuesta puede ayudarte a identificar qué parte de la decisión te resulta realmente difícil.

2. El perfeccionismo puede hacer que equivocarse parezca inaceptable

Querer hacer las cosas bien no constituye por sí mismo un problema.

La dificultad aparece cuando el estándar se vuelve tan rígido que cualquier error parece intolerable.

Puedes reconocerlo en comportamientos como:

  • revisar repetidamente lo que haces;
  • tardar demasiado porque quieres evitar cualquier fallo;
  • posponer tareas por miedo a no hacerlas suficientemente bien;
  • criticarte mucho cuando cometes un error;
  • dudar de decisiones que ya habías tomado;
  • sentir que siempre podrías haberlo hecho mejor;
  • tener dificultades para aceptar un resultado simplemente bueno.

La investigación longitudinal ha encontrado pequeñas asociaciones entre determinadas dimensiones del perfeccionismo, especialmente la preocupación por los errores y las dudas sobre las propias acciones, y un aumento posterior de síntomas de ansiedad.

Por eso, si tienes mucho miedo a equivocarte, quizá el objetivo no sea conseguir que todo salga perfecto.

Puede ser más útil aprender a pensar:

“Puedo intentar hacerlo bien sin exigir que salga perfecto.”

3. Puedes estar esperando sentirte completamente seguro antes de decidir

Este pensamiento es muy habitual:

“Cuando esté seguro de que esta es la decisión correcta, actuaré.”

El problema es que la mayoría de las decisiones no ofrecen una garantía del 100 %.

Siempre puede existir un riesgo.

Siempre puede aparecer una variable que no habías previsto.

Siempre podrás imaginar una alternativa diferente.

La dificultad para tolerar la incertidumbre está ampliamente estudiada en psicología y se ha relacionado con preocupación y ansiedad. La investigación reciente continúa considerándola un factor relevante, aunque se sigue estudiando cómo definir y medir exactamente este concepto.

Esperar a sentir una seguridad absoluta puede mantenerte atrapado en la indecisión.

La pregunta no siempre es:

“¿Estoy completamente seguro?”

También puede ser:

“¿Tengo suficiente información para tomar una decisión razonable?”

4. Puede preocuparte demasiado la opinión de los demás

A veces la verdadera pregunta no es:

“¿Qué quiero hacer?”

Sino:

“¿Qué pensarán de mí si elijo esto?”

Puedes imaginar que tus padres, amigos, pareja, compañeros o incluso desconocidos juzgarán negativamente tu decisión.

Entonces puede aparecer una necesidad constante de aprobación:

“Dime que esto está bien.”

Pedir consejo puede ser útil. El problema aparece cuando necesitas que otra persona te garantice continuamente que tu decisión es correcta.

La tranquilidad externa puede reducir la duda durante un rato, pero después puede aparecer una nueva pregunta.

El patrón termina siendo:

duda → preguntas → alivio → nueva duda → vuelves a preguntar.

5. Puede que hayas aprendido a asociar el error con algo negativo

Nuestra forma de reaccionar ante los errores también puede estar influida por nuestras experiencias.

Si durante mucho tiempo equivocarse estuvo asociado con críticas, vergüenza, castigos o decepciones, es posible que acabes desarrollando reglas internas como:

“Tengo que hacerlo bien a la primera.”

“No puedo permitirme fallar.”

“Si me equivoco, decepcionaré a los demás.”

Esto no significa que una experiencia concreta explique todo lo que te ocurre. El comportamiento humano suele tener múltiples causas.

Sin embargo, reconocer estas reglas internas puede ayudarte a cuestionarlas.

6. Quizá estés intentando evitar emociones incómodas

A veces no intentas evitar únicamente el error.

También quieres evitar lo que podrías sentir después:

  • vergüenza;
  • frustración;
  • culpa;
  • decepción;
  • inseguridad;
  • arrepentimiento.

Entonces el objetivo puede convertirse en:

“Quiero tomar una decisión que me permita no sentirme mal.”

El problema es que ninguna decisión puede garantizarte eso.

Una alternativa más realista consiste en aprender:

“Puedo sentirme incómodo y aun así seguir adelante.”

No necesitas eliminar toda inseguridad antes de actuar.

¿Cómo saber si el miedo a equivocarte está bloqueando tus decisiones?

No siempre es fácil distinguir entre analizar una decisión con cuidado y estar atrapado en un ciclo de dudas.

Puedes estar pensando que simplemente eres una persona indecisa o que necesitas analizar bien las cosas.

Sin embargo, existen algunas señales que indican que quizá ya no estás intentando decidir mejor, sino conseguir una seguridad que probablemente no existe.

1. Analizas una y otra vez las mismas posibilidades

Piensas en una opción.

Después encuentras un inconveniente.

Consideras otra.

Encuentras un nuevo riesgo.

Vuelves a la primera.

El proceso continúa, pero no estás más cerca de decidir.

Analizar las alternativas puede ser útil.

Repetir el mismo análisis sin obtener información nueva suele ser otra cosa.

2. Buscas información incluso cuando ya tienes suficiente

Comparar opciones puede ayudarte a decidir.

Pero puede llegar un momento en el que cada nueva búsqueda apenas modifica lo que ya sabes.

Entonces lees otro artículo, ves otro vídeo, buscas otra experiencia o consultas otra opinión esperando encontrar algo que elimine la duda.

Hazte esta pregunta:

“¿Me falta información importante o estoy buscando tranquilidad?”

Es una diferencia pequeña, pero puede cambiar completamente la forma en que afrontas la decisión.

3. Pides opinión a varias personas y sigues dudando

Consultar a alguien con experiencia puede aportar información.

Pero si preguntas a varias personas y ninguna respuesta consigue tranquilizarte durante mucho tiempo, quizá la finalidad ya no sea conocer más datos.

Puede que estés intentando eliminar la incertidumbre.

4. Revisas una decisión incluso después de tomarla

Has decidido.

Pero poco después aparece:

“¿Y si hubiera elegido la otra opción?”

Entonces vuelves a analizar todo.

Puedes sentir que estás comprobando si cometiste un error, aunque en realidad estés manteniendo abierta una decisión que ya habías cerrado.

Recuerda algo importante:

sentirte inseguro después de decidir no demuestra por sí mismo que hayas tomado una mala decisión.

5. Prefieres no decidir antes que correr el riesgo de equivocarte

Evitar una decisión puede producir alivio a corto plazo.

Durante unos minutos dejas de pensar en el problema.

Pero la decisión continúa pendiente.

Además, puedes acabar perdiendo oportunidades, retrasando proyectos o permitiendo que las circunstancias decidan por ti.

En ocasiones, intentar evitar cualquier error termina teniendo un coste mayor que aceptar un riesgo razonable.

6. Una decisión pequeña empieza a ocupar demasiado espacio mental

Una elección sencilla puede convertirse en horas de búsqueda y análisis.

Por ejemplo, decidir entre dos productos similares puede acabar implicando decenas de comparaciones.

O elegir entre dos alternativas razonables puede transformarse en una evaluación interminable de escenarios hipotéticos.

Una pregunta útil es:

“¿Qué estoy intentando decidir exactamente?”

Volver a la decisión original puede ayudarte a separar lo importante de todo lo demás.

¿Cómo dejar de tener miedo a equivocarse?

El objetivo no tiene que ser conseguir que nunca vuelvas a sentir miedo.

Tampoco consiste en convencerte de que equivocarse nunca importa.

Una meta más realista es aprender a tomar decisiones razonables sin necesitar certeza absoluta y confiar en que podrás afrontar un resultado que no salga como esperabas.

1. Deja de buscar la decisión perfecta

Una de las principales trampas consiste en pensar que existe una respuesta perfecta que deberías encontrar antes de actuar.

Pero muchas decisiones tienen ventajas y desventajas.

En lugar de preguntarte:

“¿Cuál es la decisión correcta?”

prueba con:

“¿Cuál es la opción más razonable para mí con la información que tengo ahora?”

La segunda pregunta no exige saber el futuro.

2. Decide qué información necesitas antes de empezar

Antes de investigar, escribe:

“¿Qué necesito saber para poder decidir?”

Después separa la información relevante de aquella que simplemente te permite continuar pensando.

Por ejemplo, si estás valorando cambiar de trabajo, puede ser importante conocer el salario, horario, condiciones y otros aspectos que realmente influyan en tu decisión.

Pero probablemente no necesites conocer todas las opiniones de internet sobre cada posible escenario futuro.

La información debe ayudarte a decidir, no convertirse en una excusa para seguir aplazando la decisión.

3. Establece un límite para el análisis

Cuando aparece miedo a equivocarse, seguir pensando puede parecer la solución.

Sin embargo, más análisis no siempre significa una mejor decisión.

Puedes establecer un límite:

“Voy a dedicar una hora a valorar las opciones y después decidiré.”

Para una decisión pequeña pueden bastar 10 o 20 minutos.

Para una decisión importante quizá necesites más tiempo.

Lo importante es determinar de antemano cuánto análisis resulta razonable.

4. Pregúntate qué harías si la decisión no sale como esperabas

En lugar de intentar garantizar un resultado perfecto, piensa:

“Si esta decisión sale mal, ¿qué podría hacer después?”

Tal vez podrías:

  • corregir una parte;
  • pedir ayuda;
  • cambiar de estrategia;
  • aprender de la experiencia;
  • aceptar una pérdida;
  • volver a elegir.

La pregunta deja de ser:

“¿Cómo puedo asegurarme de no equivocarme?”

y pasa a ser:

“¿Podría afrontar las consecuencias si me equivoco?”

Esta segunda pregunta suele ser mucho más útil.

No necesitas saber que todo saldrá bien para confiar en que podrás responder si algo no sale como esperabas.

5. No confundas sentir dudas con estar tomando una mala decisión

Puedes haber tomado una decisión razonable y seguir sintiendo inseguridad.

Decidir implica cerrar otras posibilidades.

Por eso puede aparecer:

“¿Y si la otra opción era mejor?”

Antes de volver a abrir todo el análisis, pregúntate:

“¿Ha aparecido información nueva o simplemente ha aparecido una nueva duda?”

Si no ha cambiado la información, quizá tampoco necesites cambiar la decisión.

6. Separa el error de tu valor personal

Un error concreto no tiene por qué convertirse en una conclusión global sobre ti.

No es lo mismo:

“He tomado una mala decisión.”

que:

“Soy incapaz de tomar buenas decisiones.”

Tampoco:

“Esto no salió como esperaba.”

que:

“Siempre lo hago todo mal.”

La primera frase describe un hecho.

La segunda convierte un acontecimiento concreto en una identidad.

Una formulación más útil puede ser:

“Esta decisión no funcionó como esperaba.”

Eso permite analizar lo ocurrido sin convertirlo automáticamente en una condena personal.

7. Practica con decisiones pequeñas

No necesitas empezar por la decisión que más miedo te produce.

Puedes practicar con situaciones cotidianas:

  • escoger entre dos opciones sin consultar a varias personas;
  • comprar algo después de una comparación razonable;
  • tomar una decisión sencilla sin buscar diez opiniones;
  • evitar revisar inmediatamente una elección;
  • aceptar una pequeña equivocación sin atacarte por ello.

El objetivo no es demostrar que siempre vas a acertar.

Es aprender que puedes decidir, sentir cierta incertidumbre y continuar con tu vida sin necesitar garantías absolutas.

8. Después de decidir, evita reabrir inmediatamente el análisis

Una vez tomada una decisión, puede aparecer el impulso de volver a comprobarla.

Antes de hacerlo, espera y pregúntate:

“¿Tengo información nueva que realmente cambie la situación?”

Si la respuesta es no, quizá el impulso de revisar esté relacionado más con la incomodidad que con una necesidad real de cambiar la decisión.

No necesitas responder a cada duda que aparece en tu cabeza.

Puedes reconocerla y continuar:

“No puedo conocer todas las consecuencias por adelantado.”

Un método sencillo para tomar decisiones cuando tienes miedo a equivocarte

Cuando notes que vuelves a entrar en un ciclo de dudas, puedes utilizar este proceso.

Paso 1. Define exactamente qué tienes que decidir

Evita pensar en todos los problemas posibles.

Formula la decisión en una frase concreta.

Por ejemplo:

“Tengo que decidir si aceptar esta oferta de trabajo.”

Paso 2. Identifica los factores realmente importantes

Pregúntate:

“¿Qué aspectos podrían cambiar de verdad mi decisión?”

Haz una lista breve.

No necesitas incluir todas las posibilidades imaginables.

Paso 3. Busca la información necesaria

Investiga lo suficiente para responder a los factores importantes.

Cuando tengas la información que necesitas, evita ampliar indefinidamente la búsqueda.

Paso 4. Compara las opciones

Valora ventajas, inconvenientes, riesgos y prioridades.

No intentes demostrar matemáticamente cuál es la opción perfecta.

Paso 5. Elige la opción que consideres más razonable

Toma la decisión con la información disponible.

Es posible que todavía sientas dudas.

Eso no significa necesariamente que debas seguir investigando.

Paso 6. Acepta que existe incertidumbre

Recuérdate:

“No puedo conocer todas las consecuencias antes de actuar.”

Una decisión razonable puede producir un resultado inesperado.

Paso 7. Después de decidir, deja de reabrir el análisis

Salvo que aparezca información realmente nueva, evita volver inmediatamente a comprobar si escogiste bien.

El objetivo no es conseguir certeza absoluta. Es aprender a actuar sin exigirla.

¿Cómo saber si estás pensando demasiado una decisión?

Pensar antes de decidir no es malo.

Comparar alternativas, analizar consecuencias y recopilar información puede ayudarte a tomar una decisión más razonada.

La dificultad aparece cuando pensar deja de acercarte a una respuesta y empieza a convertirse en una forma de escapar de la incertidumbre.

Estas señales pueden ayudarte a detectarlo:

Buscas otra opinión constantemente

Ya has preguntado a varias personas, pero sigues pensando que quizá alguien más tenga la respuesta definitiva.

Cambias de opinión con cada inconveniente

Una pequeña desventaja hace que descartes toda una opción y vuelvas al principio.

Sigues investigando aunque no aparece información nueva

Lees otro artículo, ves otro vídeo o buscas otra experiencia, pero nada modifica realmente lo que ya sabes.

Necesitas sentirte completamente seguro

Interpretas la presencia de cualquier duda como una señal de que todavía no estás preparado.

Revisas la decisión después de haberla tomado

Intentas comprobar una y otra vez si elegiste correctamente.

Una decisión pequeña ocupa horas de pensamiento

La cantidad de tiempo y energía que dedicas al análisis es desproporcionada respecto a la importancia real del problema.

Una comprobación sencilla puede ser:

“¿Estoy obteniendo información nueva o intentando sentirme completamente seguro?”

Si llevas mucho tiempo buscando una respuesta y continúas sin sentir certeza, quizá el problema ya no sea la falta de información.

Puede ser la dificultad para aceptar que ninguna decisión importante puede ofrecer garantías absolutas.

¿Una mala decisión significa que no sabes decidir?

No necesariamente.

Uno de los errores más frecuentes consiste en juzgar la calidad de una decisión únicamente por su resultado.

Si algo sale bien:

“Tomé la decisión correcta.”

Si algo sale mal:

“Debería haber sabido que era una mala decisión.”

Pero una decisión razonable puede acabar teniendo un resultado negativo.

Puedes utilizar la información disponible, valorar los riesgos y elegir de forma sensata y, aun así, encontrarte con circunstancias que no podías prever.

Por eso, después de una decisión puede ser más útil preguntarte:

“¿Tomé una decisión razonable con la información que tenía en ese momento?”

en lugar de:

“¿El resultado demuestra que elegí bien o mal?”

Esta diferencia permite aprender de los errores sin convertir cada resultado negativo en una prueba de que no sabes tomar decisiones.

¿Qué hacer después de equivocarte?

Si finalmente tomas una decisión que no funciona como esperabas, intenta evitar dos extremos.

El primero es fingir que no ha ocurrido nada.

El segundo es convertir el error en una condena personal.

Puedes seguir este proceso.

1. Describe lo que ocurrió

¿Qué salió mal exactamente?

Evita frases globales como “todo salió mal” cuando no sea cierto.

2. Distingue lo que estaba bajo tu control

Pregúntate:

  • ¿Qué podría haber hecho de otra manera?
  • ¿Había información que desconocía?
  • ¿Existían circunstancias que no dependían de mí?

3. Extrae una lección concreta

En lugar de:

“Tengo que hacerlo todo mejor.”

busca algo específico:

“La próxima vez comprobaré este dato antes de decidir.”

Una conclusión concreta puede ayudarte más que una crítica general hacia ti mismo.

4. Corrige lo que todavía pueda corregirse

Algunas decisiones pueden modificarse parcialmente.

Otras no.

Cuando no puedas cambiar el resultado, puede ser más útil centrarte en lo que puedes hacer a partir de ahora.

5. No conviertas el error en una etiqueta

Equivocarte en una decisión no demuestra que seas una persona incapaz.

Significa que esa decisión concreta no produjo el resultado que esperabas.

Aprender a diferenciar ambas cosas puede evitar que llegues a la siguiente decisión con todavía más miedo.

¿Cómo afecta el perfeccionismo al miedo a equivocarse?

El perfeccionismo puede hacer que una decisión aparentemente normal se convierta en una prueba sobre tu propia capacidad.

Cuando el error se interpreta como algo que no debería ocurrir, la presión aumenta.

Pueden aparecer pensamientos como:

  • “Tengo que hacerlo bien.”
  • “No puedo fallar.”
  • “Debería haberlo pensado más.”
  • “Si me equivoco, significa que no valgo.”
  • “Los demás lo harán mejor que yo.”

El problema no es querer mejorar.

Es convertir la posibilidad de equivocarte en una amenaza contra tu autoestima.

La evidencia científica diferencia entre distintos componentes del perfeccionismo. Algunas dimensiones relacionadas con la preocupación por los errores y las dudas sobre las propias acciones presentan pequeñas asociaciones longitudinales con síntomas de ansiedad.

Por eso puede resultar útil sustituir:

“No puedo equivocarme.”

por:

“Quiero hacerlo bien, pero aceptaré que existe la posibilidad de equivocarme.”

No es resignación.

Es reconocer una característica inevitable de cualquier decisión.

Miedo a equivocarse e intolerancia a la incertidumbre

Una parte importante del problema puede no ser el error, sino no saber de antemano qué ocurrirá.

Puedes querer tener la garantía de que:

  • la decisión será la correcta;
  • nadie se enfadará;
  • no te arrepentirás;
  • no perderás ninguna oportunidad;
  • todo saldrá bien.

Pero las decisiones reales no funcionan así.

La investigación sobre intolerancia a la incertidumbre la ha relacionado de forma consistente con preocupación y ansiedad, y trabajos recientes siguen estudiando su papel en estos procesos.

Por eso, una de las habilidades más importantes puede ser aprender a tolerar una pequeña cantidad de duda.

No necesitas pasar de:

“Necesito estar 100 % seguro.”

a:

“No me importa absolutamente nada lo que ocurra.”

Existe un punto intermedio:

“No estoy completamente seguro, pero tengo suficiente información para actuar.”

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda profesional?

Tener dudas antes de tomar una decisión es compatible con una vida normal.

Sin embargo, puede ser recomendable buscar ayuda profesional cuando el miedo a equivocarte:

  • interfiere de forma importante en tu trabajo, estudios o relaciones;
  • hace que evites situaciones necesarias;
  • provoca una preocupación difícil de controlar;
  • genera ansiedad intensa o persistente;
  • te lleva a dedicar mucho tiempo a comprobar, revisar o buscar tranquilidad;
  • dificulta de forma habitual tomar decisiones importantes;
  • está acompañado de otros síntomas que afectan significativamente a tu bienestar.

No necesitas esperar a que el problema sea extremo para pedir ayuda.

Un profesional puede ayudarte a comprender qué mantiene este patrón y a desarrollar estrategias adaptadas a tu situación.

Preguntas frecuentes sobre el miedo a equivocarse

¿Por qué tengo miedo a equivocarme en todo?

Puede haber diferentes motivos. El miedo a equivocarte puede relacionarse con perfeccionismo, preocupación por la opinión de los demás, inseguridad, experiencias anteriores o dificultad para tolerar la incertidumbre. No existe una única causa que explique todos los casos.

¿Cómo se llama el miedo a equivocarse?

No existe necesariamente un único diagnóstico o término clínico para describir simplemente el miedo a equivocarse. Puede aparecer junto con perfeccionismo, ansiedad, preocupación excesiva, inseguridad o dificultades para tolerar la incertidumbre. Para determinar si existe un problema psicológico concreto sería necesaria una valoración profesional.

¿Por qué pienso tanto antes de tomar una decisión?

Pensar antes de decidir puede ayudarte a valorar las opciones. El problema aparece cuando el análisis se convierte en un intento de alcanzar una certeza absoluta.

Puedes seguir buscando información, pidiendo opiniones o imaginando escenarios sin llegar a sentirte preparado para decidir.

¿Cómo dejar de tener miedo a equivocarse?

No necesitas conseguir que el miedo desaparezca por completo antes de actuar. Puede ser más útil aprender a tomar decisiones razonables con cierta incertidumbre, limitar el tiempo de análisis, distinguir información de tranquilidad y desarrollar confianza en tu capacidad para afrontar un resultado inesperado.

¿Cómo saber si estoy pensando demasiado una decisión?

Una señal es que sigues analizando aunque no aparezca información nueva.

También puede ocurrir que cambies de opinión constantemente, busques opiniones repetidas o vuelvas a revisar una decisión después de haberla tomado.

¿Es normal tener dudas después de tomar una decisión?

Sí.

Sentir cierta inseguridad después de decidir no demuestra por sí mismo que hayas tomado una mala decisión. Puede aparecer simplemente porque has cerrado otras posibilidades y ya no tienes control total sobre el resultado.

¿El perfeccionismo puede hacer que tenga miedo a equivocarme?

Puede contribuir.

La preocupación por los errores y las dudas sobre las propias acciones se han relacionado con síntomas de ansiedad en investigaciones longitudinales, aunque estas asociaciones no significan que el perfeccionismo cause automáticamente un problema de ansiedad.

¿Cómo aprender a tomar decisiones con más confianza?

La confianza no tiene por qué significar saber que siempre vas a elegir correctamente.

Puede consistir en saber que puedes analizar una situación, tomar una decisión razonable y afrontar las consecuencias si algo no sale como esperabas.

Una idea para recordar

El objetivo no es aprender a tomar decisiones perfectas.

Tampoco conseguir que nunca vuelvas a equivocarte.

Y mucho menos esperar a sentirte completamente seguro antes de actuar.

Una forma más realista de avanzar es aprender a pensar:

“No puedo saber con absoluta certeza qué ocurrirá, pero puedo tomar una decisión razonable con la información que tengo y afrontar lo que venga después.”

Equivocarte alguna vez no significa que seas incapaz de decidir.

Una decisión que sale mal tampoco demuestra automáticamente que fuera una mala decisión. Para valorar una elección también importa qué información tenías, qué alternativas conocías y qué circunstancias existían en ese momento.

La confianza puede construirse de otra manera:

No desde la certeza de que nunca te equivocarás, sino desde la confianza en que podrás aprender y responder cuando algo no salga como esperabas.

Fuentes consultadas

  • Smith, M. J., Vidovic, V., Sherry, S. B., Stewart, S. H. y Saklofske, D. Are perfectionism dimensions risk factors for anxiety symptoms? A meta-analysis of 11 longitudinal studies.
  • Dugas, M. J., Koerner, N. y Freeston, M. State of the Science: Intolerance of Uncertainty.
  • Wilson, E. J. et al. Exploring pathways from intolerance of uncertainty to worry in adults with generalised anxiety disorder.
  • American Psychological Association. Recursos sobre perfeccionismo y salud mental.
  • Beck, A. T. Cognitive Therapy and the Emotional Disorders.

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