¿Por qué hay tanta ansiedad hoy en día? Causas y qué podemos hacer

Artículo elaborado por Cristian García, divulgador de desarrollo personal y bienestar emocional.

Última actualización: octubre de 2026.

¿Por qué parece que cada vez hay más personas que viven preocupadas, tienen dificultades para desconectar o sienten que no llegan a todo?

La pregunta tiene sentido. Entre las responsabilidades laborales, la incertidumbre económica, las exigencias personales y la cantidad de información que recibimos, no siempre resulta fácil encontrar tiempo para descansar mentalmente.

Sin embargo, hay algo importante que conviene aclarar desde el principio: la ansiedad no tiene una única causa y no todo el aumento de los casos registrados puede atribuirse a la forma de vida actual.

En España, los datos sanitarios muestran que los trastornos de ansiedad registrados en atención primaria han aumentado entre 2016 y 2023. Al mismo tiempo, hoy se habla más abiertamente de salud mental, lo que también puede influir en la identificación y búsqueda de ayuda.

Entonces, ¿por qué hay tanta ansiedad hoy en día? ¿Qué parte puede estar relacionada con nuestras circunstancias y qué podemos hacer para cuidar nuestro bienestar?

Vamos a analizar los datos, los factores que pueden contribuir al malestar y algunas medidas prácticas para afrontar las preocupaciones sin responsabilizarte de circunstancias que no dependen únicamente de ti.

¿Hay realmente más ansiedad que antes?

Para responder a esta pregunta, es necesario distinguir entre experimentar ansiedad, tener un trastorno de ansiedad y que este quede registrado en el sistema sanitario.

Según el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2024 del Ministerio de Sanidad, los trastornos de ansiedad registrados en las historias clínicas de atención primaria pasaron de 61,9 casos por cada 1.000 habitantes en 2016 a 111,3 en 2023.

La serie muestra una tendencia creciente durante ese periodo. No obstante, hay un matiz relevante: la prevalencia ajustada por edad alcanzó su valor más elevado en 2021, descendió en 2022 y volvió a aumentar en 2023, sin recuperar el máximo anterior.

¿Qué significa esto?

Que los datos disponibles permiten afirmar que ha aumentado la prevalencia registrada respecto a 2016, pero no permiten explicar por sí solos por qué se ha producido ese cambio.

También hay que tener en cuenta que las historias clínicas no representan todas las experiencias de ansiedad de la población. Algunas personas no buscan atención sanitaria, otras pueden no tener un diagnóstico y no todas las formas de preocupación constituyen un trastorno.

A escala mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 470 millones de personas tenían un trastorno de ansiedad en 2023.

Estas cifras muestran la relevancia del problema, pero no identifican una causa única ni demuestran que las redes sociales, el trabajo o la tecnología sean responsables de su evolución.

Para entender por qué la ansiedad parece tan presente en la vida cotidiana, conviene examinar varios factores que pueden combinarse de maneras diferentes.

¿Por qué hay tanta ansiedad hoy en día? 6 factores que pueden influir

1. Las exigencias se acumulan y falta tiempo para recuperarse

Una jornada puede empezar con mensajes pendientes, continuar con varias horas de trabajo y terminar con tareas domésticas, responsabilidades familiares y preocupaciones que siguen dando vueltas en la cabeza.

Ninguna de esas obligaciones tiene por qué ser un problema por separado. La dificultad aparece cuando se acumulan y apenas quedan momentos para descansar.

Por ejemplo, puedes terminar de trabajar y seguir pensando en una conversación pendiente, una tarea que no has terminado o un problema que tendrás que resolver al día siguiente.

Aunque estés físicamente en casa, tu atención continúa ocupada.

Cuando esta situación se mantiene, algunas personas experimentan irritabilidad, tensión, cansancio mental o dificultades para concentrarse y dormir.

Esto no significa que el estrés conduzca necesariamente a un trastorno de ansiedad. Significa que una exposición prolongada a situaciones estresantes puede contribuir al malestar.

La cuestión no es únicamente cuántas cosas tienes que hacer, sino cuánto tiempo dispones para recuperarte entre ellas.

Una medida útil consiste en identificar qué obligaciones pueden aplazarse, cuáles puedes compartir con alguien y qué tareas no necesitan resolverse inmediatamente.

No siempre podrás reducir tus responsabilidades, pero sí puedes intentar dejar de tratar cada una de ellas como una urgencia.

2. La incertidumbre económica y laboral hace más difícil sentirse tranquilo

Hay preocupaciones que no se resuelven simplemente pensando de otra manera.

El precio de la vivienda, la inestabilidad laboral, las dificultades económicas o la incertidumbre sobre el futuro pueden generar una presión real.

Cuando una persona no sabe si podrá afrontar determinados gastos o cómo evolucionará su situación laboral, es comprensible que se preocupe.

El problema puede agravarse cuando la mente intenta anticipar continuamente todos los escenarios posibles.

Por ejemplo, una preocupación concreta puede transformarse en una cadena de preguntas:

  • ¿Y si pierdo mi trabajo?
  • ¿Y si no encuentro otra oportunidad?
  • ¿Y si no puedo afrontar mis gastos?
  • ¿Y si las cosas siguen empeorando?

Pensar en estas posibilidades no significa que vayan a suceder. Tampoco implica que puedas resolverlas todas anticipadamente.

En estos casos, puede ayudar distinguir entre dos categorías:

Lo que puedes abordar: organizar tus gastos, solicitar información, buscar alternativas o preparar un plan.

Lo que no puedes garantizar: que el futuro se desarrolle exactamente como esperas.

Esta distinción no elimina la incertidumbre ni soluciona las dificultades económicas. Su utilidad consiste en evitar que la preocupación ocupe todo tu tiempo sin acercarte a una solución concreta.

3. La hiperconexión y la comparación social pueden añadir presión

La tecnología facilita la comunicación, permite acceder a información útil y ayuda a mantener relaciones a distancia.

Por eso, no sería correcto afirmar que los móviles o las redes sociales son, por sí solos, la causa de la ansiedad actual.

Sin embargo, determinados patrones de uso pueden añadir presión a algunas personas.

Piensa en la cantidad de veces que puedes consultar el teléfono durante un día: mensajes, noticias, correos, vídeos, comentarios y notificaciones que reclaman tu atención.

Si apenas dejas espacios sin estímulos, puede resultar más difícil desconectar de tus obligaciones o concentrarte en una sola actividad.

La comparación social también merece atención.

En las redes puedes ver logros profesionales, viajes, relaciones aparentemente perfectas y personas que parecen tener su vida completamente resuelta.

El problema aparece cuando comparas tu experiencia cotidiana, con sus dificultades y dudas, con los momentos más atractivos que otras personas deciden mostrar.

Si ya tiendes a exigirte demasiado, esa comparación puede alimentar pensamientos como «voy por detrás», «no soy suficiente» o «debería haber conseguido más».

¿Qué puedes hacer?

Observa cómo te sientes después de utilizar determinadas aplicaciones. Si detectas que ciertos contenidos aumentan repetidamente tu inseguridad o preocupación, prueba a limitar su exposición.

También puedes silenciar notificaciones durante el descanso y reservar momentos concretos para consultar mensajes y noticias.

El objetivo no es eliminar la tecnología, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo quieres prestarle atención.

4. Dormir mal y descansar poco puede aumentar la sensación de sobrecarga

El sueño y el bienestar emocional mantienen una relación estrecha.

Dormir poco puede dificultar la concentración, aumentar la irritabilidad y hacer que algunas preocupaciones resulten más difíciles de gestionar. A su vez, la ansiedad puede interferir en el descanso.

Así puede aparecer un círculo que se retroalimenta:

Preocupación → dificultad para dormir → cansancio → menor capacidad para afrontar el estrés → más preocupación.

Imagina que llevas varios días durmiendo mal. Durante la jornada puedes sentirte más irritable, interpretar los contratiempos como problemas mayores y tener menos paciencia ante las dificultades.

Al llegar la noche, empiezas a repasar lo que ha salido mal y lo que tendrás que resolver mañana. Esa actividad mental dificulta todavía más el descanso.

No todas las dificultades para dormir tienen su origen en la ansiedad, pero merece la pena observar si ambas experiencias están relacionadas en tu caso.

Puedes empezar por mantener horarios de sueño razonablemente regulares, reducir las notificaciones durante la noche y reservar un periodo tranquilo antes de acostarte.

Si te sucede especialmente al irte a dormir, puedes consultar también nuestra guía sobre la ansiedad por la noche, sus posibles causas y cómo calmarla.

Si los problemas de sueño persisten o afectan a tus actividades habituales, consulta con un profesional sanitario.

5. La soledad y la falta de apoyo pueden hacer que los problemas pesen más

Estar en contacto permanente con otras personas no significa necesariamente sentirse acompañado.

Puedes intercambiar mensajes durante todo el día y, aun así, echar en falta una conversación sincera o no tener a quién acudir cuando algo te preocupa.

El apoyo social puede ayudar a afrontar situaciones difíciles, compartir responsabilidades y encontrar nuevas perspectivas ante un problema.

Por el contrario, los conflictos prolongados, el aislamiento o la sensación de tener que resolverlo todo por tu cuenta pueden aumentar la carga emocional.

Esto no significa que necesites una vida social intensa ni que todas las personas deban afrontar sus dificultades de la misma manera.

A veces, hablar con alguien de confianza, recuperar el contacto con una persona importante o pedir ayuda con una tarea concreta puede ser un primer paso.

Si te cuesta explicar lo que sientes, puedes empezar por describir la situación sin intentar encontrar una solución inmediata: «Últimamente estoy más preocupado y me cuesta desconectar».

No necesitas tener todas las respuestas para compartir lo que te ocurre.

6. La historia personal y los factores biológicos también influyen

No todas las personas reaccionan igual ante las mismas circunstancias.

Dos personas pueden afrontar una situación laboral parecida y experimentar niveles de ansiedad muy diferentes.

En esa respuesta pueden intervenir las experiencias previas, la predisposición individual, los antecedentes familiares, el estado de salud, los patrones de pensamiento y los recursos disponibles para afrontar las dificultades.

Las experiencias adversas también pueden influir en cómo una persona interpreta determinadas situaciones o responde ante ellas.

Esto ayuda a entender por qué la ansiedad no puede explicarse exclusivamente por el ritmo de vida moderno.

Una persona puede sentirse muy ansiosa durante una etapa aparentemente tranquila, mientras otra puede atravesar una temporada exigente sin desarrollar un problema persistente.

No existe una fórmula única que explique todos los casos.

Por eso, cuando intentas comprender tu propia ansiedad, puede resultar más útil observar qué factores coinciden en tu situación que buscar una explicación universal.

Si te encuentras nervioso sin identificar una causa clara, puedes ampliar esta cuestión en nuestra guía sobre por qué te puedes sentir nervioso sin razón aparente.

¿Por qué parece que hoy se habla tanto de ansiedad?

La sensación de que la ansiedad está en todas partes también puede estar relacionada con la forma en que actualmente se habla de salud mental.

Hoy existen más espacios en los que compartir experiencias emocionales, consultar información y reconocer dificultades que antes podían mantenerse en silencio.

Esto puede facilitar que algunas personas identifiquen su malestar y busquen ayuda. También hace que escuchemos hablar de ansiedad en conversaciones, medios de comunicación y redes sociales.

Pero hay tres cuestiones diferentes que conviene no confundir:

Que se hable más de ansiedad. Significa que el tema tiene mayor presencia en determinadas conversaciones y espacios públicos.

Que se registren más trastornos de ansiedad. En España, los registros de atención primaria muestran un aumento entre 2016 y 2023.

Que todas las personas experimenten más ansiedad por las mismas causas. Esto no puede deducirse de los dos puntos anteriores.

No disponemos de una explicación única que permita atribuir el fenómeno a un solo cambio social.

Tampoco sería correcto afirmar que las generaciones actuales necesariamente afrontan peor las dificultades que las anteriores.

La conclusión más prudente es que los trastornos de ansiedad constituyen un problema relevante, que existen distintos factores capaces de contribuir al malestar y que las estadísticas deben interpretarse teniendo en cuenta cómo se obtienen.

¿Qué puedes hacer si notas que la ansiedad está aumentando?

Comprender los factores que pueden influir en la ansiedad es útil, pero la información resulta más práctica cuando te ayuda a identificar algún cambio concreto.

No necesitas reorganizar toda tu vida de golpe. Puedes empezar observando qué está ocurriendo y qué aspectos están a tu alcance.

1. Identifica qué te está sobrecargando

Durante unos días, presta atención a los momentos en los que notas más tensión o preocupación.

Puedes plantearte estas preguntas:

  • ¿Qué situaciones me generan más presión?
  • ¿Estoy descansando menos de lo habitual?
  • ¿Hay preocupaciones que se repiten sin llegar a ninguna solución?
  • ¿Estoy intentando atender demasiadas cosas al mismo tiempo?
  • ¿Qué actividades estoy dejando de hacer por falta de energía o por miedo?

No hace falta registrar cada pensamiento ni analizar permanentemente tus sensaciones.

El objetivo es encontrar patrones que te ayuden a comprender tu situación.

2. Convierte una preocupación concreta en un primer paso

Cuando tienes varios asuntos pendientes, es fácil sentir que todos necesitan una solución inmediata.

En lugar de intentar resolverlos mentalmente a la vez, elige uno y pregúntate qué puedes hacer de forma realista.

Por ejemplo, si te preocupa una tarea laboral, quizá puedas dividirla en dos o tres acciones pequeñas.

Si te inquieta una decisión para la que todavía no tienes información suficiente, puedes identificar qué necesitas saber y cuándo volverás a ocuparte de ella.

No siempre podrás resolver el problema, pero distinguir entre actuar y seguir anticipando puede ayudarte a no dedicar todo tu tiempo a darle vueltas.

3. Recupera pequeños espacios de desconexión

No necesitas abandonar las redes sociales ni pasar horas sin utilizar el teléfono.

Puedes empezar por una comida sin notificaciones, un paseo durante el que no consultes mensajes o un periodo al terminar la jornada en el que no atiendas asuntos laborales.

Prueba a mantener esos espacios durante varios días y observa cómo te encuentras.

La idea no es convertir la desconexión en otra obligación, sino reservar momentos en los que tu atención no tenga que responder constantemente a nuevas demandas.

4. Cuida el sueño y mantén una rutina asumible

Intenta mantener horarios de descanso relativamente regulares y busca una actividad física que se adapte a tus circunstancias.

Caminar, practicar una actividad que disfrutes o establecer un periodo tranquilo antes de acostarte pueden formar parte de una rutina de bienestar.

No necesitas hacerlo todo perfectamente.

Si una recomendación termina convirtiéndose en otra exigencia que te genera culpa, conviene adaptarla a tu situación.

Estos hábitos pueden favorecer el bienestar general, pero no sustituyen la atención profesional cuando los síntomas necesitan una evaluación o tratamiento.

5. No intentes resolverlo todo en soledad

Compartir tus preocupaciones con alguien de confianza puede ayudarte a ordenar lo que te ocurre y encontrar apoyo.

También puedes pedir ayuda con responsabilidades concretas, especialmente si una parte importante de tu malestar procede de una sobrecarga que no puedes gestionar sin colaboración.

Si notas que los síntomas son persistentes, intensos o difíciles de controlar, consulta con un profesional sanitario.

No necesitas esperar a estar completamente desbordado para pedir ayuda.

Un ejercicio práctico: identifica qué carga puedes reducir

Cuando la ansiedad parece proceder de muchas direcciones a la vez, puede ser útil separar las fuentes de presión en lugar de intentar cambiarlo todo.

Lo que observasPregunta que puedes hacertePrimer paso posible
Muchas obligaciones¿Qué es realmente urgente?Elegir una tarea y aplazar otra si es posible
Incertidumbre¿Qué información o acción está a mi alcance?Identificar un paso concreto
Comparación en redes¿Cómo me siento después de consultar ciertos contenidos?Limitar los que aumentan la inseguridad
Poco descanso¿Qué está dificultando mi rutina de sueño?Introducir un cambio pequeño y sostenible
Falta de apoyo¿Hay alguien con quien pueda hablar?Pedir compañía o ayuda con algo concreto

No es un test psicológico ni una herramienta de diagnóstico. Es una forma sencilla de identificar posibles cambios en tu entorno cotidiano.

Y hay algo importante: no todas las causas de malestar pueden solucionarse mediante hábitos individuales. Los problemas económicos, las condiciones laborales, las dificultades de vivienda y la falta de acceso a determinados servicios requieren respuestas que van más allá del autocuidado.

No necesitas responsabilizarte de todo lo que te ocurre para empezar a cuidar tu bienestar.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Sentir ansiedad ocasionalmente forma parte de la experiencia humana. Lo importante es prestar atención a su intensidad, persistencia y efecto sobre tu vida.

Conviene consultar con un profesional sanitario cuando:

  • La preocupación es persistente y difícil de controlar.
  • Los síntomas se repiten y te producen un malestar importante.
  • La ansiedad interfiere con el sueño, el trabajo, los estudios o las relaciones.
  • Empiezas a evitar lugares o actividades por miedo.
  • Las estrategias que estás utilizando no te ayudan suficientemente y la situación continúa afectándote.

Estos indicios no permiten diagnosticar por sí solos un trastorno de ansiedad. Un profesional puede valorar lo que te ocurre, considerar otras posibles explicaciones y orientarte sobre las opciones de tratamiento.

Los trastornos de ansiedad pueden tratarse mediante intervenciones psicológicas y, en determinados casos, medicamentos bajo supervisión sanitaria.

Si experimentas síntomas físicos nuevos, intensos o preocupantes, no los atribuyas automáticamente a la ansiedad. Busca valoración sanitaria; ante signos de una posible urgencia médica, solicita atención urgente.

Preguntas frecuentes sobre la ansiedad hoy en día

¿Por qué hay tanta ansiedad entre los jóvenes?

No existe una explicación única. Pueden intervenir las exigencias académicas, la incertidumbre, las relaciones personales, determinadas experiencias en redes sociales, la falta de descanso y factores individuales. Los datos poblacionales no permiten atribuir la ansiedad de todos los jóvenes a una misma causa.

¿Las redes sociales son responsables del aumento de la ansiedad?

No puede afirmarse que las redes sociales sean la causa única del aumento de los trastornos de ansiedad. Determinados patrones de uso pueden favorecer la comparación social, la exposición constante a información preocupante o la reducción del tiempo de descanso en algunas personas. Sus efectos dependen del contexto y de cada individuo.

¿Los datos demuestran que ahora tenemos más ansiedad que antes?

Los registros de atención primaria en España muestran una prevalencia registrada mayor en 2023 que en 2016. Sin embargo, esa evolución no demuestra por sí sola por qué se ha producido el cambio ni permite atribuirlo exclusivamente al estilo de vida actual.

¿Es posible reducir la ansiedad sin tomar medicamentos?

Algunas personas pueden beneficiarse de intervenciones psicológicas, hábitos saludables y apoyo social. Cuando los síntomas son persistentes o interfieren con la vida cotidiana, conviene recibir una valoración profesional para determinar qué opciones resultan adecuadas. No existe una solución universal válida para todas las personas.

¿Tener ansiedad significa que algo va mal en mi vida?

No necesariamente. La ansiedad puede aparecer por una combinación de factores y no siempre existe un desencadenante evidente. Sin embargo, si la preocupación persiste, es difícil de controlar o afecta significativamente a tu vida, merece la pena consultar con un profesional sanitario.

En resumen: la ansiedad no tiene una única explicación

La pregunta de por qué hay tanta ansiedad hoy en día no admite una respuesta sencilla.

Los registros sanitarios españoles muestran un aumento de los trastornos de ansiedad entre 2016 y 2023, pero no demuestran que las redes sociales, el trabajo, la incertidumbre económica o cualquier otro factor explique por sí solo esa evolución.

En la experiencia individual pueden combinarse las exigencias cotidianas, las dificultades económicas, la falta de descanso, las relaciones personales, las experiencias previas y otros factores biológicos y psicológicos.

Comprender esa combinación permite evitar dos errores: atribuir toda la ansiedad a una sola causa y pensar que cada persona puede solucionar individualmente cualquier circunstancia que le genere malestar.

Recuperar momentos de descanso, reducir determinadas fuentes de sobrecarga, cuidar las relaciones y abordar las preocupaciones de una en una pueden ser pasos útiles. Cuando la ansiedad persiste o limita tu vida, buscar ayuda profesional también es una forma de cuidarte.

Sentir ansiedad no significa que estés fallando ni que tengas que resolverlo todo por tu cuenta. Comprender qué te ocurre es un primer paso para encontrar las herramientas y el apoyo que necesitas.

Fuentes y referencias

Aviso: Este artículo tiene finalidad divulgativa. No sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario.

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