Artículo elaborado por Cristian García, divulgador de desarrollo personal y bienestar emocional.
Última actualización: octubre de 2026.
Sentir ansiedad en el trabajo puede hacer que tareas habituales parezcan mucho más difíciles. Quizá te cuesta concentrarte, temes cometer errores, te bloqueas cuando tienes varias obligaciones pendientes o sigues pensando en el trabajo incluso después de terminar la jornada.
La ansiedad laboral puede aparecer antes de una reunión, al recibir una tarea exigente o al pensar en todo lo que tienes pendiente. También puede mantenerse durante buena parte del día y terminar afectando al descanso y a tu vida personal.
¿Qué puedes hacer si sientes ansiedad mientras trabajas? Empieza por detenerte unos minutos si tus circunstancias lo permiten, identificar qué necesitas resolver primero y distinguir entre los problemas reales y las consecuencias negativas que estás anticipando. Si el malestar se repite, también es importante analizar qué lo está provocando.
No siempre basta con organizarse mejor o aprender a relajarse. Una carga de trabajo excesiva, los conflictos, la falta de apoyo o el miedo constante a equivocarse pueden requerir cambios que van más allá de los hábitos individuales.
En esta guía encontrarás las posibles causas de la ansiedad en el trabajo, cómo actuar cuando te bloquea, qué puedes hacer para desconectar al terminar y cuándo conviene buscar ayuda profesional.
Aviso: este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación médica o psicológica individual.
¿Cómo saber si tienes ansiedad en el trabajo?
La ansiedad relacionada con el trabajo puede manifestarse mediante pensamientos, emociones, sensaciones físicas y cambios en la conducta. No todas las personas experimentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.
Entre las señales posibles se encuentran:
- Preocupación constante: piensas repetidamente en las tareas pendientes, los errores o lo que podría salir mal.
- Miedo a equivocarte: dudas de tus decisiones o revisas varias veces el mismo trabajo por temor a cometer un fallo.
- Dificultad para concentrarte: te cuesta mantener la atención, recordar instrucciones o terminar una tarea.
- Sensación de bloqueo: tienes tantas cosas en la cabeza que no sabes por dónde empezar.
- Nerviosismo físico: puedes notar tensión muscular, palpitaciones, sudoración, temblores o molestias digestivas.
- Irritabilidad y agotamiento mental: te cuesta gestionar pequeños contratiempos o terminas la jornada sin energía.
- Dificultad para desconectar: sigues pensando en el trabajo durante tu tiempo libre o antes de dormir.
- Ansiedad anticipatoria: te encuentras mal antes de ir a trabajar o cuando sabes que se acerca una tarea que te preocupa.
- Evitación: pospones determinadas actividades, reuniones o conversaciones porque te generan miedo o inseguridad.
Estas señales pueden aparecer por distintos motivos. Experimentar alguna de ellas no significa automáticamente que tengas un trastorno de ansiedad.
Si los síntomas son nuevos, intensos o persistentes, especialmente cuando incluyen molestias físicas que no conoces, consulta con un profesional sanitario para valorar su posible causa.
Si necesitas conocer las manifestaciones más generales de este problema, puedes leer también la guía sobre cómo saber si tienes ansiedad: síntomas, señales y cuándo pedir ayuda.
¿Por qué aparece la ansiedad en el trabajo? 7 posibles causas
Identificar qué está generando el malestar puede ayudarte a decidir qué necesitas cambiar. En ocasiones, el problema está relacionado con la manera de afrontar determinadas situaciones; en otras, las propias condiciones laborales tienen un papel importante.
1. Exceso de trabajo y responsabilidades
Cuando tienes más tareas de las que puedes completar razonablemente, es fácil empezar la jornada con la sensación de que ya vas tarde.
Saltas de un asunto a otro, intentas contestar todos los mensajes y piensas constantemente en lo que todavía queda pendiente. Aunque termines una actividad, tu atención se dirige inmediatamente hacia la siguiente.
Con el tiempo, esta dinámica puede aumentar la tensión y dificultar la concentración.
En este caso, conviene distinguir entre una jornada puntual de mucho trabajo y una carga excesiva que se mantiene de forma habitual.
Si las responsabilidades superan el tiempo y los recursos disponibles, la solución no consiste necesariamente en trabajar más deprisa. Puede que necesites revisar los plazos, aclarar las prioridades o solicitar una distribución más razonable de las tareas.
2. Miedo a cometer errores o decepcionar a los demás
La ansiedad puede aumentar cuando interpretas cada tarea como una prueba de tu capacidad profesional.
Quizá revisas repetidamente un documento, tardas demasiado en enviar un correo o imaginas que una equivocación hará que los demás dejen de confiar en ti.
Pueden aparecer pensamientos como:
- «Si me equivoco, pensarán que no estoy preparado».
- «Tengo que hacerlo todo perfectamente».
- «No puedo permitirme fallar».
- «Si pido ayuda, demostraré que no soy capaz».
El problema no es querer hacer bien tu trabajo. Es convertir cualquier error en una amenaza para tu seguridad o tu valoración personal.
Una alternativa más equilibrada consiste en preguntarte qué nivel de precisión necesita realmente cada tarea y qué consecuencias tendría un error concreto.
No todos los fallos tienen la misma importancia y no todas las tareas necesitan el mismo grado de revisión.
3. Falta de control o prioridades poco claras
No saber qué debes hacer primero puede generar tanta tensión como tener demasiado trabajo.
Por ejemplo, recibes tres peticiones urgentes de personas diferentes. Cada una espera que atiendas su solicitud inmediatamente, pero nadie te aclara qué tiene prioridad.
Si intentas cumplirlo todo al mismo tiempo, es posible que termines bloqueado.
En esta situación, aclarar las expectativas puede resultar más útil que seguir trabajando a mayor velocidad.
Puedes preguntar qué tarea debe completarse primero, qué plazo es imprescindible y qué actividad puede esperar.
4. Conflictos, presión o falta de apoyo
Las relaciones laborales también influyen en el bienestar emocional.
Las críticas constantes, los conflictos con compañeros, la falta de apoyo, el acoso o la discriminación pueden hacer que una persona permanezca en alerta durante buena parte de la jornada.
Si tienes la sensación de que cualquier conversación puede terminar en un enfrentamiento o una reprimenda, puede resultar difícil concentrarte en tus responsabilidades.
En estos casos, no todo se soluciona modificando los pensamientos. Puede ser necesario hablar con una persona de confianza, acudir a los canales de prevención correspondientes o buscar asesoramiento.
5. Dificultad para desconectar después del trabajo
La jornada termina, pero las preocupaciones continúan.
Quizá repasas una conversación, anticipas una reunión del día siguiente o te preguntas si cometiste algún error.
El problema puede intensificarse cuando el tiempo libre se convierte en una prolongación mental de la jornada laboral.
Además, si las preocupaciones interfieren con el sueño, el cansancio puede hacer que afrontes el día siguiente con menos energía y más dificultad para concentrarte.
No necesitas conseguir que desaparezcan todos los pensamientos laborales. Puedes aprender a reconocerlos sin dedicarles constantemente toda tu atención.
6. Estrés acumulado y falta de descanso
Dormir poco, afrontar dificultades personales o mantener un ritmo elevado durante demasiado tiempo puede reducir tu capacidad para gestionar las exigencias cotidianas.
En esas circunstancias, una tarea que normalmente sería manejable puede parecer mucho más complicada.
También es posible que el trabajo no sea la única fuente de preocupación. Los problemas familiares, económicos o personales pueden coincidir con las responsabilidades laborales y aumentar el malestar.
Por eso conviene observar el conjunto de tu situación, en lugar de atribuir automáticamente todo lo que sientes a una única causa.
Si experimentas nerviosismo sin identificar claramente el motivo, puedes consultar también el artículo sobre por qué te sientes nervioso sin razón y qué puedes hacer.
7. Ansiedad anticipatoria antes de ir a trabajar
En ocasiones, la ansiedad comienza antes de que suceda algo concreto.
Puedes sentir nervios al levantarte porque tienes una reunión, debes hablar con tu responsable o temes enfrentarte a una tarea que consideras difícil.
La mente anticipa posibles problemas y empieza a reaccionar ante situaciones que todavía no han ocurrido.
Por ejemplo, pensar «seguro que la reunión sale mal» puede generar tensión antes incluso de llegar al trabajo.
En estos casos, resulta útil distinguir entre lo que sabes que va a suceder y lo que temes que pueda ocurrir.
Si la preocupación aparece prácticamente todos los días antes de ir a trabajar, conviene analizar qué situaciones la desencadenan y valorar si necesitas cambios en tu entorno o apoyo profesional.
¿Qué hacer si tienes ansiedad durante el trabajo?
Cuando notas que la ansiedad está aumentando, es fácil intentar ignorarla y continuar trabajando al mismo ritmo. Sin embargo, si estás muy activado o mentalmente saturado, puede ser más útil detenerte un momento y decidir cómo afrontar la situación.
Estas seis estrategias pueden ayudarte a gestionar ese momento.
1. Haz una pausa breve y segura
Si las circunstancias de tu trabajo lo permiten, detente unos minutos.
Puedes levantarte, beber agua, caminar un poco o apartarte temporalmente de la tarea que estabas realizando.
No necesitas convertir la pausa en una sesión larga de relajación. El objetivo es interrumpir momentáneamente la dinámica de tensión y comprobar qué necesitas para continuar.
Si tu actividad implica riesgos para ti o para otras personas, prioriza siempre la seguridad y sigue los procedimientos correspondientes.
2. Reduce el problema a una sola tarea
Cuando estás ansioso, puedes sentir que necesitas resolver diez problemas simultáneamente.
Por ejemplo:
«Tengo que terminar el informe, contestar los correos, preparar la reunión y solucionar las tareas pendientes».
Intenta transformar esa lista mental en una acción concreta:
«Durante los próximos veinte minutos voy a trabajar únicamente en el primer apartado del informe».
Después, pregúntate:
¿Cuál es la siguiente acción que puedo realizar de manera realista?
Dividir una tarea compleja en pasos manejables puede facilitar que empieces sin tener que resolver mentalmente toda la jornada.
3. Respira de forma tranquila y cómoda
Cuando aumenta el nerviosismo, puedes probar a relajar los hombros y respirar suavemente durante unos minutos.
Si te resulta agradable, inspira por la nariz y deja salir el aire despacio. No fuerces las inspiraciones ni intentes llenar los pulmones al máximo.
Si controlar la respiración te produce mareo o incomodidad, vuelve a respirar con naturalidad.
La finalidad no es obligarte a eliminar la ansiedad inmediatamente, sino darte un momento para afrontar la situación con más calma.
Si experimentas síntomas físicos nuevos o intensos, no asumas que todo se debe a la ansiedad: busca valoración sanitaria.
4. Distingue entre los hechos y lo que estás anticipando
La ansiedad puede hacer que interpretes una situación incierta como si el resultado negativo estuviera prácticamente asegurado.
Por ejemplo:
«Si cometo un error en este informe, mi jefe pensará que soy incompetente».
Antes de dar por hecho que sucederá lo peor, pregúntate:
- ¿Qué ha ocurrido realmente?
- ¿Qué parte estoy suponiendo?
- ¿Tengo información suficiente para llegar a esa conclusión?
- Si aparece un problema, ¿qué puedo hacer para resolverlo?
No se trata de obligarte a pensar positivamente ni de negar los problemas reales.
Se trata de valorar la situación con la información disponible, sin confundir una posibilidad con un hecho.
Puedes profundizar en este patrón en el artículo sobre por qué aparecen los pensamientos negativos y cómo gestionarlos.
5. Aclara las prioridades cuando te sientas desbordado
Si varias tareas parecen urgentes, intentar avanzar en todas al mismo tiempo puede aumentar la sensación de bloqueo.
En lugar de asumir que debes resolverlas simultáneamente, pide una aclaración cuando sea posible.
Puedes plantearlo así:
«Tengo pendientes estas tres tareas y no puedo terminarlas todas dentro del plazo previsto. ¿Cuál debería priorizar y qué puede esperar?».
Esta conversación puede ayudarte a distribuir mejor el tiempo y, además, permite identificar si existe un problema real de carga de trabajo.
6. No te exijas rendir perfectamente durante toda la jornada
La concentración y la energía no son constantes.
Si además de sentir ansiedad te reprochas no estar rindiendo al máximo, puedes añadir otra fuente de presión.
Una expectativa más realista sería:
«Ahora mismo me cuesta concentrarme. Voy a identificar lo prioritario y avanzar paso a paso».
Esto no significa descuidar tus responsabilidades. Significa reconocer tus límites y centrar tus esfuerzos en lo que realmente importa.
Si la ansiedad aparece con frecuencia o interfiere con tu capacidad para trabajar, no te limites a aplicar estas estrategias: conviene investigar qué la está manteniendo.
¿Cómo reducir la ansiedad en el trabajo a medio y largo plazo?
Las medidas que te ayudan durante un episodio concreto pueden ser útiles, pero si la ansiedad se repite conviene revisar las circunstancias que la provocan.
Revisa tu carga de trabajo
Anota tus tareas pendientes y clasifícalas según su importancia, urgencia y plazo.
Después, comprueba si las responsabilidades pueden asumirse razonablemente dentro del tiempo disponible.
Si hay más trabajo del que puedes realizar, quizá necesites negociar prioridades, solicitar recursos o revisar los plazos.
La organización personal puede ayudarte, pero no siempre compensa una carga excesiva.
La Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones sobre salud mental en el trabajo, señala la importancia de abordar los riesgos relacionados con las condiciones laborales, incluidas las cargas excesivas, la falta de control y el apoyo insuficiente.
Identifica los pensamientos que aumentan tu inseguridad
Observa si aparecen ideas como:
- «Tengo que hacerlo todo bien».
- «No puedo decir que no».
- «Si pido ayuda, pensarán que no soy capaz».
- «Un error significa que no valgo para este trabajo».
No necesitas discutir mentalmente con cada pensamiento. Puedes empezar por identificarlo y preguntarte si describe un hecho o refleja una exigencia o un temor.
También puedes revisar tus expectativas: ¿estás intentando hacer bien tu trabajo o demostrar constantemente que puedes con todo?
Establece límites cuando sea posible
Si recibes mensajes y peticiones fuera de tu horario, puede resultar difícil desconectar.
Cuando tus circunstancias laborales lo permitan, establece límites sobre cuándo revisar el correo, qué asuntos requieren atención inmediata y qué tareas pueden esperar al siguiente día laborable.
No todas las profesiones permiten una desconexión completa. Los límites deben adaptarse a tus responsabilidades reales.
Si el problema se debe a exigencias permanentes que superan tus posibilidades, puede ser necesario abordar la situación con tu responsable o buscar orientación sobre las alternativas disponibles.
Introduce pausas y cuida el descanso
Trabajar durante horas sin detenerte puede aumentar la fatiga mental.
Si tu actividad lo permite, intenta realizar pausas breves y regulares, especialmente cuando llevas mucho tiempo concentrado en una misma tarea.
Fuera del trabajo, procura mantener horarios de sueño razonablemente regulares y reservar tiempo para recuperarte.
La actividad física, las aficiones y las relaciones sociales también pueden ayudarte a mantener una rutina equilibrada. No garantizan que la ansiedad desaparezca, pero pueden proporcionar espacios de recuperación.
No necesitas cambiar todos tus hábitos a la vez. Empieza por uno o dos cambios que puedas mantener.
Cómo desconectar mentalmente después del trabajo
Uno de los problemas de la ansiedad laboral es que las preocupaciones pueden continuar incluso cuando termina la jornada.
Quizá repasas una conversación, piensas en los errores que podrías haber cometido o anticipas los problemas del día siguiente.
Si esto ocurre ocasionalmente, no significa necesariamente que exista un trastorno. Sin embargo, si ocupa gran parte de tu tiempo libre, conviene revisar cómo estás cerrando la jornada.
Puedes probar esta rutina:
1. Anota lo que queda pendiente. Deja por escrito las tareas que tendrás que retomar para no depender de recordarlas constantemente.
2. Decide el primer paso del día siguiente. No necesitas resolver ahora todas las cuestiones pendientes.
3. Cierra las herramientas de trabajo cuando sea posible. Silencia las notificaciones no urgentes si tus responsabilidades lo permiten.
4. Crea una transición. Caminar, cambiarte de ropa, ducharte o preparar la cena puede ayudarte a pasar de la actividad laboral al tiempo personal.
5. Dedica tiempo a otra actividad. Hablar con alguien, hacer ejercicio, escuchar música o practicar una afición puede ayudarte a dirigir la atención hacia algo diferente.
No tienes que conseguir que desaparezcan todos los pensamientos laborales antes de disfrutar de tu tiempo libre. Puedes reconocerlos y volver a centrarte en la actividad que estás realizando.
Si las preocupaciones te mantienen despierto o te generan ansiedad al acostarte, puedes consultar también el artículo sobre ansiedad por la noche: causas y cómo calmarla.
¿Ansiedad laboral, estrés laboral o burnout?
Aunque estos conceptos están relacionados, no significan exactamente lo mismo.
Estrés laboral. Es una respuesta ante las exigencias o dificultades del trabajo. Puede aparecer ante una fecha límite, una carga elevada o un conflicto. Si la presión se mantiene, puede afectar al bienestar y al funcionamiento diario.
Ansiedad relacionada con el trabajo. Incluye preocupación, miedo o tensión vinculados a situaciones laborales. Puede aparecer antes de una tarea concreta, mantenerse durante la jornada o continuar fuera del horario de trabajo. Sentir ansiedad no implica automáticamente tener un trastorno de ansiedad.
Burnout o síndrome de desgaste profesional. La OMS lo recoge en la CIE-11 como un fenómeno ocupacional asociado al estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado adecuadamente. Se caracteriza por agotamiento, mayor distancia mental o negatividad respecto al trabajo y menor eficacia profesional. No se clasifica como una enfermedad médica.
Es posible experimentar estrés y ansiedad sin presentar burnout. También pueden coexistir diferentes dificultades.
Si el agotamiento, la preocupación o el distanciamiento respecto al trabajo se mantienen y afectan a tu vida cotidiana, un profesional puede ayudarte a valorar la situación.
¿Qué hacer si la causa de la ansiedad está en tu trabajo?
Esta cuestión es importante porque no toda la responsabilidad debe recaer sobre el trabajador.
Si la ansiedad está relacionada con la falta de personal, la carga excesiva, los horarios prolongados, la falta de control, el acoso, la discriminación o la inseguridad laboral, las técnicas individuales pueden no ser suficientes.
La OMS recomienda prevenir los riesgos psicosociales y mejorar las condiciones y los entornos de trabajo para proteger la salud mental.
Dependiendo de tus circunstancias, puede ser útil:
- Solicitar una aclaración de las prioridades y los plazos.
- Hablar con tu responsable sobre una carga de trabajo que no puedes asumir razonablemente.
- Pedir apoyo para resolver un conflicto.
- Utilizar los canales internos de prevención o recursos humanos cuando corresponda.
- Buscar asesoramiento si existe acoso, discriminación o una situación laboral perjudicial.
- Consultar con un profesional sanitario si el problema está afectando a tu salud.
Gestionar la ansiedad no significa aceptar indefinidamente unas condiciones que deterioran tu bienestar.
El objetivo es identificar qué puedes cambiar personalmente y qué necesita una respuesta por parte de la organización.
¿Debes dejar tu trabajo si te produce ansiedad?
No existe una respuesta válida para todas las situaciones.
Si tu trabajo te genera ansiedad, antes de tomar una decisión importante puede ser útil valorar cuatro cuestiones:
- Qué está provocando el malestar. No es lo mismo una época puntual de mucha presión que meses de sobrecarga, conflictos o inseguridad.
- Qué cambios son posibles. Quizá puedas renegociar plazos, modificar determinadas tareas, pedir apoyo o establecer límites más claros.
- Cómo está afectando a tu salud. Si el malestar es persistente, interfiere con tu sueño o afecta a tu funcionamiento cotidiano, conviene buscar orientación profesional.
- Qué alternativas tienes. Si las condiciones son perjudiciales y no existe una solución razonable, puedes valorar otras opciones laborales con el asesoramiento adecuado.
No necesitas decidirlo todo en un momento de máxima ansiedad. Pero tampoco tienes que asumir que la única alternativa es aprender a soportar indefinidamente una situación perjudicial.
¿Cuándo deberías buscar ayuda profesional?
Conviene plantearse buscar ayuda cuando la ansiedad:
- Aparece con frecuencia y resulta difícil de controlar.
- Persiste o aumenta con el paso del tiempo.
- Interfiere con tu concentración o tu capacidad para trabajar.
- Afecta a tu sueño o a tu vida personal.
- Hace que evites determinadas tareas o situaciones.
- Provoca un malestar importante incluso fuera del trabajo.
- Se acompaña de síntomas físicos recurrentes cuya causa desconoces.
No necesitas esperar a encontrarte completamente desbordado.
Un profesional sanitario puede valorar los síntomas y determinar si están relacionados con ansiedad, estrés, problemas de sueño u otros factores. Cuando corresponde, las intervenciones psicológicas, incluida la terapia cognitivo-conductual para determinados trastornos de ansiedad, pueden formar parte del tratamiento.
Si tienes síntomas físicos nuevos o intensos, como dolor en el pecho o dificultad importante para respirar, no los atribuyas automáticamente a la ansiedad y busca atención médica adecuada.
Si aparecen pensamientos de hacerte daño, busca atención sanitaria urgente. Ante un peligro inmediato, contacta con los servicios de emergencias.
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad en el trabajo
¿Qué hacer si me da ansiedad mientras trabajo?
Si puedes hacerlo de forma segura, realiza una pausa breve, respira con comodidad y concéntrate en una tarea concreta. Evita intentar resolver todas tus obligaciones simultáneamente. Si los episodios son frecuentes o intensos, analiza sus posibles causas y busca ayuda cuando sea necesario.
¿Por qué siento ansiedad antes de ir a trabajar?
Puede estar relacionada con la anticipación de una tarea difícil, el miedo a cometer errores, un conflicto, una carga de trabajo excesiva o la preocupación por lo que ocurrirá durante la jornada. Si sucede repetidamente, conviene identificar qué situaciones desencadenan el malestar y valorar si necesitas cambios o apoyo profesional.
¿La ansiedad laboral puede dificultar la concentración?
Sí. La preocupación constante puede ocupar parte de la atención que necesitas para realizar tus tareas. Si te cuesta concentrarte, prueba a dividir el trabajo en pasos manejables y aclarar las prioridades. Cuando la dificultad persiste, conviene valorar si influyen otros factores, como el descanso insuficiente o un problema de salud.
¿Cómo puedo desconectar del trabajo al llegar a casa?
Puedes anotar las tareas pendientes para el día siguiente, cerrar las herramientas laborales cuando sea posible y crear una transición mediante una caminata, una afición u otra actividad personal. No necesitas eliminar todos los pensamientos sobre el trabajo; intenta evitar que ocupen continuamente tu atención durante el tiempo libre.
¿La ansiedad en el trabajo significa que tengo burnout?
No necesariamente. La ansiedad, el estrés y el burnout están relacionados, pero no son equivalentes. El burnout se caracteriza por agotamiento, distanciamiento mental o negatividad respecto al trabajo y una menor eficacia profesional. Si el malestar persiste, busca una valoración profesional en lugar de intentar diagnosticarte por tu cuenta.
¿Puede la ansiedad laboral desaparecer por sí sola?
El malestar puede disminuir cuando desaparece una situación estresante o cambian determinadas circunstancias. Sin embargo, no siempre sucede así, especialmente cuando la preocupación se mantiene, afecta al descanso o se relaciona con problemas laborales persistentes. Si la ansiedad interfiere con tu vida cotidiana, conviene buscar orientación profesional en lugar de esperar indefinidamente a que desaparezca.
¿Debo dejar mi trabajo si me produce ansiedad?
No necesariamente. La decisión depende de las causas, de cómo está afectando a tu salud, de los cambios que puedan realizarse y de las alternativas disponibles. Valora la situación con calma y busca apoyo si lo necesitas. Si existen condiciones perjudiciales, acoso o riesgos para tu bienestar, busca asesoramiento adecuado.
Conclusión: gestionar la ansiedad laboral no significa soportarlo todo
La ansiedad en el trabajo puede aparecer por muchas razones. Una jornada exigente, el miedo a cometer errores, un conflicto o la dificultad para desconectar pueden contribuir al malestar.
Si te ocurre, empieza por identificar qué está pasando y qué necesitas en ese momento. Una pausa breve, una tarea más manejable o una conversación para aclarar prioridades pueden ayudarte a afrontar determinadas situaciones.
Pero también es importante mirar más allá de los hábitos personales.
Cuando la carga de trabajo es excesiva, faltan recursos o existen conflictos persistentes, puede ser necesario modificar las condiciones laborales y buscar apoyo.
No tienes que demostrar que puedes con todo para estar haciendo bien tu trabajo. Reconocer tus límites, pedir ayuda y proteger tu bienestar forman parte de una manera más sostenible de afrontar las responsabilidades.
Si la ansiedad persiste, aumenta o interfiere significativamente con tu vida cotidiana, consulta con un profesional sanitario.
Fuentes y referencias
- Organización Mundial de la Salud (OMS): La salud mental en el trabajo. Información sobre riesgos psicosociales, prevención y medidas para proteger la salud mental en el entorno laboral.
- Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST): Estrés laboral. Información sobre los efectos del estrés laboral y su prevención.
- Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS): Estrés relacionado con el trabajo. Orientaciones para identificar los factores de estrés laboral y buscar apoyo.
Aviso: este contenido tiene una finalidad exclusivamente divulgativa y no sustituye una evaluación médica o psicológica individual. La información general no permite diagnosticar un trastorno de ansiedad ni determinar cuál es la causa concreta del malestar de cada persona.

4 Responses
[…] La presión laboral, las preocupaciones económicas, la falta de descanso, el exceso de información y la hiperconectividad pueden generar saturación emocional incluso en personas que aparentemente llevan una vida normal. Con el tiempo, esto puede afectar al estado de ánimo, la concentración, el descanso y la forma en la que nos relacionamos con los demás. […]
[…] Muchas personas experimentan ansiedad en momentos en los que aparentemente todo está bien. Puede suceder mientras descansas en casa, […]
[…] • Estrés laboral o presión constante en el trabajo.• Problemas familiares o conflictos personales.• Baja autoestima e inseguridad emocional.• Traumas o experiencias difíciles no superadas.• Exceso de preocupaciones y pensamientos negativos.• Cambios importantes en la vida, como rupturas o pérdidas.• Falta de descanso y agotamiento mental.• Situaciones económicas difíciles o incertidumbre constante.• Niveles elevados de estrés durante largos períodos de tiempo. […]
[…] Si el malestar aparece principalmente durante la jornada laboral, también puedes consultar la guía sobre ansiedad en el trabajo: causas y qué hacer. […]