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  • Ansiedad por la noche: por qué aparece al acostarte y cómo calmarla

    Ansiedad por la noche: por qué aparece al acostarte y cómo calmarla

    ¿Por qué me da ansiedad por la noche si durante el día estaba relativamente bien? Puede ocurrir que llegues cansado a la cama, apagues la luz y, en lugar de relajarte, tu mente empiece a funcionar a toda velocidad.

    Pensamientos sobre el trabajo, problemas personales, miedo a que ocurra algo malo, preocupaciones por el día siguiente o el temor de no conseguir dormir pueden hacer que el momento de acostarse se convierta en una fuente de ansiedad.

    La ansiedad por la noche puede aparecer como preocupación constante, pensamientos repetitivos, inquietud, tensión muscular, palpitaciones o dificultad para conciliar el sueño. Algunas personas también se despiertan de madrugada con una sensación repentina de alerta o angustia.

    No existe una única explicación. El estrés acumulado, la preocupación, la rumiación, determinados hábitos de sueño y el propio miedo a no dormir pueden contribuir a mantener el problema. Además, algunas personas presentan un trastorno de ansiedad o un problema del sueño que merece una valoración específica.

    La buena noticia es que la ansiedad nocturna puede abordarse y mejorar. Cuando existe un problema persistente de sueño, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) es una de las intervenciones de referencia y trabaja, entre otros aspectos, las preocupaciones relacionadas con el sueño y la asociación entre cama y vigilia. [1]

    En esta guía encontrarás por qué aparece la ansiedad al acostarte, qué hacer cuando ocurre, cómo afrontar los despertares nocturnos y cuándo conviene consultar con un profesional.

    En este artículo

    • ¿Por qué tengo ansiedad por la noche?
    • ¿Por qué aparece justo cuando me acuesto?
    • Ansiedad nocturna, insomnio y ataque de pánico: diferencias
    • ¿Cómo calmar la ansiedad por la noche?
    • Qué hacer durante los primeros 10 minutos
    • ¿Por qué me despierto con ansiedad a las 3 o 4 de la mañana?
    • Qué hábitos pueden empeorar la ansiedad nocturna
    • Errores que pueden mantener el problema
    • Cuándo pedir ayuda profesional
    • Preguntas frecuentes

    ¿Por qué tengo ansiedad por la noche?

    La ansiedad nocturna no tiene una causa única. En muchas personas, la llegada de la noche cambia las condiciones del día: disminuyen las obligaciones, los estímulos y las distracciones, y aumenta el tiempo disponible para prestar atención a los pensamientos.

    Eso puede hacer que preocupaciones que durante el día estaban en segundo plano ocupen ahora toda tu atención.

    Entre los factores que pueden contribuir se encuentran:

    • estrés acumulado durante el día;
    • preocupación por problemas personales, laborales o económicos;
    • pensamientos repetitivos o rumiación;
    • miedo a no conseguir dormir;
    • horarios de sueño irregulares;
    • consumo de cafeína u otros estimulantes;
    • uso de dispositivos o contenido estimulante antes de dormir;
    • ansiedad que también está presente durante el día;
    • determinados medicamentos, enfermedades o trastornos del sueño.

    Por eso, sentir ansiedad al acostarte no significa necesariamente que exista una sola causa ni que puedas identificarla por tu cuenta.

    ¿Por qué me da ansiedad justo cuando me acuesto?

    Esta pregunta es especialmente frecuente porque muchas personas pasan el día funcionando con normalidad y notan el malestar cuando finalmente se meten en la cama.

    Una posible explicación es que durante el día tu atención está ocupada con numerosas actividades. Cuando todo se detiene, aparecen pensamientos que no habían tenido espacio para hacerse conscientes.

    Puede ocurrir algo así:

    Día ocupado → pocas oportunidades para pensar → llega la noche → aparecen preocupaciones → aumenta la activación → cuesta dormir → aparece miedo a no dormir.

    A partir de ahí puede formarse un círculo.

    También puede suceder lo contrario: que ya exista cierta ansiedad durante el día, pero que solo la notes claramente al acostarte porque el silencio permite prestar más atención a las sensaciones corporales y a los pensamientos.

    El círculo de la ansiedad nocturna

    Una de las claves para entender la ansiedad por la noche es comprender que el problema no siempre es el pensamiento inicial, sino lo que ocurre después.

    Imagina esta situación:

    Situación: mañana tienes una reunión importante.

    Pensamiento: “¿Y si sale mal?”

    Respuesta física: notas tensión, inquietud o palpitaciones.

    Interpretación: “No voy a conseguir dormir.”

    Nueva preocupación: “Mañana estaré agotado y todo irá peor.”

    Conducta: miras el reloj, intentas dormir a la fuerza y compruebas continuamente cómo te sientes.

    Resultado: aumenta todavía más la activación.

    El problema acaba siendo doble: primero aparece la preocupación original y después aparece la preocupación por la propia ansiedad o por no dormir.

    Esta relación entre preocupación, activación y dificultades para dormir puede convertirse en un círculo que se repite noche tras noche.

    1. El estrés acumulado puede hacerse más evidente de noche

    A veces la persona piensa:

    “Durante el día estoy bien. No entiendo por qué por la noche me encuentro tan mal.”

    Sin embargo, el organismo no necesariamente empieza a estar estresado justo cuando te acuestas.

    Puede que durante el día hayas estado ocupado, resolviendo problemas, trabajando, estudiando o atendiendo a otras personas.

    Cuando finalmente te detienes, tienes menos estímulos externos y más espacio para notar el cansancio, la tensión o las preocupaciones que habías ido acumulando.

    Esto no significa que “la noche provoque ansiedad”. Puede significar que la noche hace más visible un malestar que ya estaba presente.

    2. La rumiación puede hacer que tu cabeza no pare por la noche

    La rumiación consiste en dar vueltas repetidamente a un problema, una situación o una preocupación sin llegar a una solución útil.

    Puede aparecer después de una discusión, un error, una decisión pendiente o ante la incertidumbre sobre el futuro.

    Algunos ejemplos:

    • recordar una conversación una y otra vez;
    • imaginar lo que podría suceder mañana;
    • pensar que has cometido un error;
    • anticipar problemas;
    • intentar encontrar la respuesta perfecta;
    • revisar mentalmente todo lo que tienes pendiente.

    Pensar no es el problema.

    El problema aparece cuando el pensamiento se convierte en un bucle repetitivo que aumenta la activación y no conduce a ninguna acción útil.

    3. El miedo a no dormir puede aumentar la ansiedad

    Este es uno de los círculos más importantes que conviene comprender.

    Una noche duermes mal.

    Al día siguiente estás cansado.

    Cuando llega la noche empiezas a pensar:

    “Hoy tengo que dormir sí o sí.”

    Miras la hora.

    Pasan los minutos.

    Sigues despierto.

    Entonces aparece:

    “Otra vez me está pasando.”

    Y después:

    “Mañana no voy a poder funcionar.”

    La preocupación aumenta y empiezas a vigilar continuamente si estás consiguiendo dormir.

    El sueño, que normalmente ocurre de forma relativamente automática, se convierte en una tarea que intentas controlar.

    Por eso, una estrategia importante consiste en reducir la presión por dormir inmediatamente.

    No significa que dormir no sea importante. Significa que estar comprobando cada minuto si ya te has dormido puede aumentar la activación.

    4. Algunos hábitos pueden favorecer una noche más inquieta

    La ansiedad nocturna tampoco depende exclusivamente de pensamientos.

    Algunos hábitos pueden influir en el descanso.

    Cafeína

    La cafeína es un estimulante y puede interferir con el sueño en algunas personas. Se encuentra, entre otros productos, en el café, algunas variedades de té, bebidas energéticas, refrescos de cola y productos con cacao.

    La sensibilidad es diferente de una persona a otra.

    Si tienes problemas para dormir, observa si consumir cafeína a últimas horas del día coincide con más nerviosismo o dificultades para conciliar el sueño.

    Horarios irregulares

    Acostarte y levantarte cada día a horas muy diferentes puede dificultar la regularidad del ciclo sueño-vigilia.

    Mantener horarios relativamente estables puede formar parte de unos hábitos de sueño saludables.

    Pantallas y contenido estimulante

    El problema de utilizar el móvil por la noche no es únicamente la pantalla.

    También importa qué estás haciendo con ella.

    No es lo mismo leer tranquilamente que pasar la última hora del día discutiendo en redes sociales, consultando noticias preocupantes o respondiendo mensajes que te generan tensión.

    Crear una transición entre actividad y descanso puede facilitar que la noche no se convierta en una continuación de la jornada.

    Pasar demasiado tiempo despierto en la cama

    Si permaneces mucho tiempo despierto, preocupado y frustrado, puedes terminar asociando la cama con vigilancia y tensión.

    Precisamente por eso, el control de estímulos utilizado en la CBT-I busca reforzar la asociación entre cama y sueño. Una de sus recomendaciones es acostarse cuando aparece sueño y levantarse si no se consigue dormir, para volver a la cama cuando reaparezca la somnolencia. [2]

    ¿Cómo calmar la ansiedad por la noche?

    No existe un método que garantice que la ansiedad desaparezca inmediatamente.

    El objetivo es más realista: reducir la activación y evitar alimentar el círculo de preocupación, vigilancia y presión por dormir.

    1. No intentes resolver tus problemas en plena madrugada

    A las dos o tres de la mañana una preocupación puede parecer mucho más urgente.

    Puedes decirte:

    “Esto es importante, pero no tengo que resolverlo ahora.”

    Después, anota aquello que necesitas recordar y déjalo para el día siguiente.

    No estás ignorando el problema.

    Estás evitando convertir la cama en una sala de reuniones a las tres de la mañana.

    2. Escribe lo que te preocupa antes de dormir

    Si tu mente está llena de asuntos pendientes, prueba a escribirlos.

    Por ejemplo:

    Me preocupa:
    “Mañana tengo una reunión y temo equivocarme.”

    Qué puedo hacer mañana:
    “Preparar durante 30 minutos los puntos principales.”

    La diferencia es importante.

    Una preocupación abstracta puede convertirse en una acción concreta.

    No necesitas resolver toda tu vida antes de acostarte.

    3. Crea una rutina de desconexión

    El descanso no empieza exactamente cuando apoyas la cabeza sobre la almohada.

    Puede ser útil crear un periodo de transición durante el que reduzcas progresivamente la actividad.

    Por ejemplo:

    • apagar o reducir el uso del móvil;
    • bajar la intensidad de la luz;
    • leer algo tranquilo;
    • escuchar música relajante;
    • tomar una ducha o baño templado;
    • realizar estiramientos suaves;
    • practicar una técnica de relajación.

    La intención no es crear un ritual perfecto.

    Es enviar una señal clara de que la jornada está terminando.

    4. Prueba una respiración lenta y cómoda

    Cuando aparece ansiedad, algunas personas empiezan a respirar más rápido o prestan mucha atención a sus sensaciones físicas.

    Una respiración lenta y cómoda puede ayudarte a centrar la atención y reducir parte de la activación.

    No necesitas hacer inspiraciones exageradamente profundas.

    Prueba algo sencillo:

    inspira suavemente y realiza una exhalación algo más prolongada, sin forzarte.

    Repite durante unos minutos.

    Si notas mareo o incomodidad, vuelve a respirar con normalidad.

    La respiración no tiene que convertirse en otro examen que aprobar.

    5. No luches contra cada pensamiento

    Cuando aparece una preocupación, es fácil pensar:

    “Tengo que dejar de pensar en esto.”

    Pero intentar controlar continuamente la mente puede mantener precisamente la atención sobre aquello que quieres evitar.

    Prueba a identificarlo de una manera más neutral:

    “Estoy teniendo un pensamiento de preocupación.”

    Después vuelve suavemente la atención a la respiración, los sonidos del entorno o las sensaciones corporales.

    No necesitas eliminar cada pensamiento para descansar.

    6. Evita mirar constantemente el reloj

    Mirar la hora puede transformar el sueño en una cuenta atrás:

    “Son las 2:15.”

    “Solo me quedan cuatro horas.”

    “Ya son las 3.”

    Cada comprobación puede alimentar la preocupación.

    Cuando sea posible, evita convertir el reloj en el centro de tu atención.

    7. Si estás despierto y cada vez más frustrado, sal de la cama

    Permanecer en la cama durante mucho tiempo intentando dormir mientras aumenta la frustración puede reforzar una asociación entre cama y vigilia.

    Una estrategia del control de estímulos consiste en levantarse si no puedes dormir y regresar a la cama cuando vuelva a aparecer el sueño. [2]

    Puedes hacer una actividad tranquila, con poca luz y sin convertir ese momento en una nueva sesión de trabajo, redes sociales o noticias.

    Cuando vuelva la somnolencia, regresa a la cama.

    Qué hacer durante los próximos 10 minutos si estás acostado con ansiedad

    Cuando la mente está acelerada, tener una secuencia sencilla puede ser más útil que recordar diez consejos diferentes.

    Minutos 1–2: reconoce lo que está ocurriendo

    Puedes decirte:

    “Estoy sintiendo ansiedad. No necesito resolverlo todo ahora.”

    No intentes demostrarte que no tienes ansiedad.

    Simplemente identifica lo que está sucediendo.

    Minutos 3–4: elimina estímulos innecesarios

    Deja el móvil.

    Evita mirar la hora.

    Reduce la luz.

    No abras redes sociales ni noticias para “distraerte”.

    Minutos 5–7: respira de manera lenta y cómoda

    No busques una técnica perfecta.

    Haz varias respiraciones tranquilas y presta atención a la exhalación.

    Minutos 8–10: decide según tu nivel de vigilia

    Si empiezas a notar sueño, permanece descansando.

    Si estás claramente despierto, inquieto y cada vez más frustrado, levántate durante un rato y realiza una actividad tranquila.

    La meta durante estos diez minutos no es obligarte a dormir.

    Es dejar de alimentar el estado de alerta.

    ¿Qué hago si tengo ansiedad justo al meterme en la cama?

    Si notas que la ansiedad comienza prácticamente en el momento de acostarte, puedes probar esta secuencia:

    1. Identifica la preocupación.

    “Estoy preocupado por mañana.”

    2. Evita convertirla en una emergencia.

    “Puedo ocuparme de esto mañana.”

    3. Deja de intentar comprobar si estás consiguiendo dormir.

    No necesitas saber en cada momento cuánto tiempo llevas despierto.

    4. Reduce la estimulación.

    Nada de noticias, discusiones o contenido que aumente tu activación.

    5. Utiliza una respiración cómoda o una actividad relajante.

    6. Si permaneces despierto y frustrado, levántate y vuelve a la cama cuando tengas sueño.

    Esta última estrategia forma parte del control de estímulos utilizado en CBT-I. [1][2]

    ¿Por qué me despierto con ansiedad a las 3 o 4 de la mañana?

    Despertarse de madrugada con una sensación repentina de ansiedad puede resultar desconcertante.

    Puedes notar:

    • corazón acelerado;
    • tensión;
    • sudoración;
    • inquietud;
    • pensamientos rápidos;
    • sensación de alerta;
    • miedo;
    • dificultad para volver a dormir.

    Que ocurra de vez en cuando no significa necesariamente que exista un trastorno de ansiedad.

    Puede estar relacionado con estrés, preocupación, problemas de sueño u otros factores.

    Sin embargo, cuando los episodios se repiten, son intensos o afectan de forma importante al descanso, merece la pena estudiar qué está ocurriendo.

    ¿Ansiedad nocturna, insomnio o ataque de pánico?

    Aunque pueden aparecer juntos, no son exactamente lo mismo.

    Lo que ocurrePuede estar relacionado con
    Preocupaciones y pensamientos repetitivos al acostarteAnsiedad o preocupación nocturna
    Dificultad persistente para conciliar o mantener el sueñoInsomnio
    Episodio brusco de miedo intenso acompañado de síntomas físicosAtaque de pánico
    Despertares frecuentes con síntomas físicosDiferentes causas que conviene valorar

    Un ataque de pánico puede producir síntomas físicos intensos como palpitaciones, temblores, sudoración, mareo o sensación de falta de aire. Los ataques también pueden ocurrir durante el sueño y despertar a la persona. [3]

    Por eso, no conviene asumir automáticamente que cualquier síntoma físico intenso durante la noche se debe a la ansiedad.

    ¿Qué hacer si me despierto con ansiedad de madrugada?

    Cuando sucede, evita interpretar inmediatamente el despertar como una catástrofe.

    Puedes seguir estos pasos:

    1. Ponte en una posición cómoda.

    2. Respira de forma lenta y natural.

    3. Recuerda que la sensación puede disminuir aunque ahora sea intensa.

    4. Evita mirar continuamente la hora.

    5. No empieces a anticipar cómo funcionará mañana todo el día.

    6. Si estás completamente despierto y frustrado, levántate durante un rato.

    7. Regresa a la cama cuando vuelva el sueño.

    El objetivo no es controlar cada sensación, sino evitar que el despertar se transforme en una nueva cadena de preocupación.

    ¿La ansiedad por la noche puede causar insomnio?

    Puede contribuir a dificultar el sueño.

    La preocupación, la activación física, los pensamientos repetitivos y el miedo a no dormir pueden interferir con la capacidad para conciliar o mantener el sueño.

    Y el problema puede funcionar en ambas direcciones:

    ansiedad → dificultad para dormir → cansancio → mayor dificultad para manejar el estrés → más ansiedad.

    Cuando las dificultades para dormir se mantienen durante mucho tiempo, puede ser necesario valorar específicamente la presencia de insomnio.

    La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) trabaja precisamente aspectos como las preocupaciones relacionadas con el sueño, los hábitos, la asociación entre cama y sueño, la relajación y determinados patrones de pensamiento. El NHLBI señala que la CBT-I suele recomendarse como primera opción para el insomnio de larga duración. [1]

    Errores que pueden mantener la ansiedad nocturna

    Esperar a estar completamente tranquilo para dormir

    El sueño no siempre aparece porque hayas conseguido eliminar todas las preocupaciones.

    Intentar alcanzar un estado de calma perfecto puede convertirse en otra fuente de presión.

    Mirar el reloj repetidamente

    Cada comprobación puede convertirse en una nueva oportunidad para preocuparte.

    Quedarte en la cama luchando contra el sueño

    Si cada noche pasas mucho tiempo despierto, frustrado y preocupado, puedes empezar a asociar la cama con vigilia.

    Analizar cada pensamiento

    No necesitas responder a cada preocupación que aparece.

    A veces reconocerla y posponerla es más útil que intentar resolverla en ese momento.

    Utilizar el móvil como única forma de escapar

    Puede parecer una solución porque desvía temporalmente la atención, pero revisar redes sociales, noticias o mensajes puede mantenerte estimulado.

    Utilizar alcohol para relajarte

    Aunque algunas personas intenten utilizarlo para sentirse más tranquilas, no es una estrategia recomendable para gestionar de forma habitual la ansiedad o los problemas de sueño.

    Convertir cada noche mala en una predicción

    Pensar:

    “Como ayer dormí mal, esta noche también será horrible”

    puede aumentar la anticipación y la presión.

    Una mala noche no determina automáticamente la siguiente.

    Qué puedes revisar durante el día

    La ansiedad nocturna no siempre se resuelve actuando únicamente cuando estás acostado.

    También conviene observar cómo llegas a la noche.

    Puedes revisar:

    • si tus horarios de sueño son relativamente regulares;
    • cuánto café o bebidas con cafeína consumes y a qué hora;
    • si realizas actividad física durante el día;
    • cuánto tiempo pasas bajo luz natural;
    • si tienes momentos para desconectar;
    • si las siestas interfieren con tu sueño nocturno;
    • si llevas preocupaciones pendientes directamente a la cama.

    El NIMH señala que ciertos hábitos saludables, como dormir lo suficiente y reducir la cafeína cuando esta empeora los síntomas, pueden ayudar a manejar la ansiedad, aunque no sustituyen un tratamiento cuando existe un trastorno de ansiedad. [4]

    ¿Cuándo debería consultar con un profesional?

    La ansiedad ocasional no significa necesariamente que necesites tratamiento.

    Sin embargo, conviene consultar con un profesional cuando la ansiedad nocturna:

    • aparece con frecuencia;
    • lleva semanas interfiriendo con el sueño;
    • provoca cansancio importante durante el día;
    • afecta al trabajo, los estudios o las relaciones;
    • genera miedo constante a la llegada de la noche;
    • provoca ataques de pánico repetidos;
    • hace que evites actividades por temor a sentir ansiedad;
    • no mejora a pesar de haber intentado diferentes estrategias.

    También merece la pena consultar cuando los problemas de sueño son persistentes, porque puede ser necesario valorar si existe insomnio u otro trastorno del sueño.

    No necesitas esperar a que el problema se vuelva insoportable para pedir ayuda.

    ¿Qué tratamientos existen?

    El tratamiento depende de la causa.

    Cuando existe un problema de ansiedad, la psicoterapia puede ser una opción eficaz. La terapia cognitivo-conductual se utiliza con frecuencia para diferentes trastornos de ansiedad y trabaja sobre pensamientos, emociones y conductas. [4]

    Cuando el problema principal es un insomnio persistente, la CBT-I es una intervención específica que incluye diferentes componentes, entre ellos educación sobre el sueño, trabajo cognitivo, relajación, control de estímulos y estrategias conductuales. [1][2]

    El tratamiento adecuado debe adaptarse a la situación de cada persona y puede requerir una evaluación sanitaria.

    Una advertencia importante sobre los síntomas físicos

    La ansiedad puede producir síntomas físicos intensos, pero no todo síntoma físico es ansiedad.

    Busca atención médica urgente ante síntomas nuevos o graves como dolor intenso en el pecho, dificultad respiratoria importante, desmayo, confusión u otros signos que te preocupen especialmente.

    No es recomendable autodiagnosticar un síntoma físico intenso simplemente porque aparece durante una noche de ansiedad.

    Preguntas frecuentes sobre la ansiedad por la noche

    ¿Por qué me da ansiedad cuando me acuesto?

    Puede ocurrir porque al terminar el día disminuyen las distracciones y las preocupaciones ocupan más espacio mental. También pueden influir el estrés acumulado, la rumiación, el miedo a no dormir y determinados hábitos de sueño.

    ¿Cómo calmar la ansiedad por la noche rápidamente?

    No existe un método que garantice que la ansiedad desaparezca de inmediato. Puedes empezar reduciendo la estimulación, dejando de mirar el reloj, respirando de forma cómoda, evitando resolver problemas de madrugada y levantándote un rato si estás completamente despierto y frustrado.

    ¿Por qué mi cabeza no para de pensar por la noche?

    La noche ofrece menos estímulos externos, por lo que pueden hacerse más visibles las preocupaciones acumuladas durante el día. Si esos pensamientos se convierten en un bucle repetitivo, pueden dificultar el descanso.

    ¿Por qué tengo ansiedad por la noche y durante el día estoy bien?

    Puede ser que durante el día estés ocupado y prestes menos atención a tus preocupaciones o sensaciones. Cuando llega la noche y disminuyen las distracciones, ese malestar puede hacerse más evidente.

    ¿Por qué me despierto con ansiedad a las 3 de la mañana?

    Hay diferentes posibles explicaciones, entre ellas estrés, ansiedad, dificultades de sueño y otros factores. Un despertar aislado no permite saber cuál es la causa. Si ocurre con frecuencia o afecta a tu vida diaria, conviene consultar.

    ¿La ansiedad puede despertarme mientras duermo?

    Sí. Algunas personas pueden despertarse con síntomas intensos de ansiedad o experimentar ataques de pánico nocturnos. Si los episodios son nuevos, repetidos o intensos, conviene realizar una valoración adecuada.

    ¿La falta de sueño puede empeorar la ansiedad?

    Dormir mal puede contribuir al cansancio y dificultar la gestión del estrés y las emociones. Cuando las dificultades para dormir persisten, pueden terminar alimentando el círculo de ansiedad y preocupación.

    ¿Es mejor quedarse en la cama si no consigo dormir?

    No siempre. Cuando estás claramente despierto y frustrado, levantarte durante un rato y volver a la cama cuando tengas sueño forma parte del control de estímulos utilizado en CBT-I. [1][2]

    ¿La ansiedad nocturna tiene solución?

    En muchos casos puede mejorar al abordar los factores que la mantienen. Si existe un trastorno de ansiedad o un problema persistente de sueño, existen tratamientos psicológicos específicos que pueden ayudar.

    ¿Cuánto tiempo tarda en desaparecer la ansiedad por la noche?

    No existe un plazo universal. Puede depender de qué está provocando el problema, cuánto tiempo lleva presente, la relación entre ansiedad y sueño y otros factores personales.

    Desconfía de cualquier método que prometa eliminar la ansiedad nocturna en una sola noche.

    Qué recordar esta noche

    Si estás acostado y sientes que tu mente no se apaga, no necesitas resolver todos tus problemas antes de dormir.

    Empieza por algo más sencillo:

    reduce la estimulación, deja de mirar continuamente la hora, reconoce los pensamientos sin intentar discutir con todos ellos y evita convertir el sueño en una prueba que tienes que aprobar.

    Si estás despierto y cada vez más frustrado, levantarte durante un rato y volver a la cama cuando vuelva el sueño puede ayudarte a evitar que la cama se convierta en un lugar asociado con preocupación y vigilia. [1][2]

    Y recuerda algo importante:

    una noche difícil no significa automáticamente que exista un problema grave.

    Pero si la ansiedad aparece noche tras noche, afecta a tu descanso o empieza a condicionar tu vida, no tienes por qué limitarte a soportarla.

    Comprender qué está manteniendo el problema y buscar ayuda adecuada puede ser mucho más útil que intentar aguantarlo sin más.


    Fuentes y referencias

    [1] National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI). Información sobre el tratamiento del insomnio y la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I).

    [2] NICE. Recomendaciones y recursos sobre terapia cognitivo-conductual para el insomnio, incluidos el control de estímulos y otros componentes de CBT-I.

    [3] National Institute of Mental Health (NIMH). Información sobre el trastorno de pánico y sus síntomas y tratamientos.

    [4] National Institute of Mental Health (NIMH). Información sobre ansiedad, tratamiento y hábitos saludables.

    Aviso: Este artículo tiene finalidad exclusivamente divulgativa y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Si los síntomas son intensos, persistentes o interfieren significativamente en tu vida, consulta con un profesional de la salud.

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  • ¿Por qué no puedo dejar de pensar por la noche? Cómo calmar la mente

    ¿Por qué no puedo dejar de pensar por la noche? Cómo calmar la mente

    Autor: Cristian García, divulgador de desarrollo personal y bienestar emocional
    Última actualización: agosto de 2026

    Acostarte cansado y descubrir que tu cabeza no deja de pensar puede resultar desesperante.

    Durante el día tienes cosas que hacer, personas con las que hablar y estímulos que mantienen tu atención ocupada. Pero cuando llega la noche, todo se queda en silencio y aparecen las preocupaciones:

    “¿Por qué hice aquello?”

    “¿Y si mañana sale mal?”

    “Tengo que solucionar esto.”

    “¿Por qué no consigo dormirme?”

    Entonces miras el reloj, compruebas cuánto tiempo te queda para dormir y empiezas a preocuparte todavía más.

    Este círculo puede hacer que una noche difícil termine convirtiéndose en otra fuente de ansiedad.

    La buena noticia es que pensar mucho por la noche no significa necesariamente que exista un problema grave. El estrés, las preocupaciones, los cambios de rutina, la ansiedad y determinados hábitos pueden contribuir a mantener la mente activa cuando quieres descansar.

    En este artículo encontrarás por qué la mente puede acelerarse por la noche, qué puedes hacer cuando no puedes dejar de pensar, qué errores conviene evitar y cuándo es recomendable consultar con un profesional.

    Aviso: este contenido ofrece información general y no sustituye una evaluación médica o psicológica. Si tienes un problema persistente de sueño, ansiedad intensa, síntomas físicos preocupantes o cualquier otra preocupación de salud, consulta con un profesional sanitario.

    ¿Por qué pienso tanto cuando me acuesto?

    Pensar antes de dormir es normal.

    El problema aparece cuando los pensamientos se vuelven repetitivos, difíciles de controlar o generan tanta activación que te impiden descansar.

    Una parte de lo que sucede tiene una explicación sencilla: cuando desaparecen muchas de las distracciones del día, tienes más espacio mental para prestar atención a aquello que habías dejado pendiente.

    Pero puede haber otros factores.

    1. Estrés acumulado durante el día

    Puedes pasar todo el día ocupándote de obligaciones sin tener tiempo para procesar lo que estás sintiendo.

    Trabajo, estudios, problemas familiares, dinero, responsabilidades o conflictos personales pueden mantenerse en segundo plano mientras estás ocupado.

    Cuando llega la noche y disminuyen los estímulos, esas preocupaciones vuelven a aparecer.

    No significa necesariamente que tu cerebro esté “fallando”.

    Puede ser simplemente que ahora tienes más espacio para prestarles atención.

    2. Preocupación y ansiedad

    La ansiedad puede hacer que tu atención se centre constantemente en posibles problemas futuros.

    En lugar de pensar:

    “Mañana veré qué ocurre.”

    la mente puede entrar en:

    “¿Y si pasa esto?”

    “¿Y si no puedo solucionarlo?”

    “¿Qué voy a hacer si sale mal?”

    Ese intento de anticipar y controlar acontecimientos que todavía no han ocurrido puede mantenerte mentalmente activo cuando quieres dormir.

    3. Rumiación sobre cosas que ya han ocurrido

    No todos los pensamientos nocturnos miran hacia el futuro.

    A veces la mente vuelve al pasado.

    Reproduces una conversación.

    Recuerdas algo que dijiste.

    Piensas en un error.

    Te preguntas si podrías haber actuado de otra manera.

    Reflexionar puntualmente puede ser útil. El problema aparece cuando repites el mismo análisis una y otra vez sin llegar a una solución.

    Ese patrón puede convertirse en rumiación mental.

    4. Hábitos y horarios que dificultan desconectar

    La hora a la que te acuestas, el consumo de cafeína, el uso del móvil, las siestas, los horarios irregulares o pasar mucho tiempo despierto en la cama pueden influir en cómo se desarrolla la noche.

    Por eso, no todo problema de sueño tiene una explicación exclusivamente psicológica.

    5. Preocupación por no dormir

    Este factor es especialmente importante.

    Una noche duermes mal.

    Al día siguiente estás cansado.

    Entonces piensas:

    “Esta noche tiene que salir bien.”

    Te metes en la cama.

    Compruebas la hora.

    Sigues despierto.

    Piensas:

    “Ya llevo una hora sin dormir.”

    Y aparece el miedo:

    “Mañana voy a estar destrozado.”

    Ahora ya no solo estás intentando dormir.

    También estás intentando conseguir dormir.

    Esa presión puede aumentar la activación y hacer más difícil conciliar el sueño.

    Los modelos cognitivo-conductuales del insomnio precisamente señalan que determinadas preocupaciones y comportamientos pueden mantener los problemas de sueño incluso después de que el factor inicial que los provocó haya desaparecido.

    ¿Por qué mi mente se acelera justo cuando me acuesto?

    Esta pregunta es especialmente frecuente.

    Durante el día puedes estar ocupado con trabajo, conversaciones, desplazamientos, tareas y pantallas.

    Cuando finalmente te acuestas, esos estímulos desaparecen.

    Entonces aparecen pensamientos que llevaban horas esperando.

    Por eso puedes sentir:

    “Durante todo el día estoy bien y, cuando me meto en la cama, mi cabeza empieza a funcionar.”

    No significa necesariamente que la noche sea la causa.

    Puede significar que la noche es el momento en el que finalmente prestas atención a lo que llevabas acumulando durante el día.

    ¿Cómo calmar la mente cuando no puedes dejar de pensar?

    Aquí es donde conviene pasar de la explicación a la práctica.

    No intentes utilizar diez técnicas al mismo tiempo.

    Prueba primero una o dos y observa cuál encaja mejor contigo.

    1. Saca las preocupaciones de la cabeza y ponlas por escrito

    Si estás pensando:

    “Mañana tengo que resolver esto.”

    “No puedo olvidarme de aquello.”

    “¿Cómo voy a solucionar este problema?”

    puedes dedicar unos minutos antes de acostarte a escribirlo.

    Haz dos columnas:

    Lo que me preocupa

    Escribe el problema de forma concreta.

    Lo que puedo hacer mañana

    Anota una acción específica.

    Por ejemplo:

    Preocupación: tengo que hablar con mi jefe.

    Acción: mañana a las 10:00 prepararé lo que quiero decir.

    Esto no resuelve automáticamente el problema.

    Pero puede evitar que sigas intentando mantenerlo todo en la memoria mientras estás en la cama.

    2. Diferencia entre un problema que puedes resolver y una preocupación que no puedes resolver ahora

    Hazte una pregunta:

    “¿Existe algo que pueda hacer respecto a esto esta noche?”

    Si la respuesta es sí, puedes apuntarlo y decidir cuándo actuarás.

    Si la respuesta es no, intenta recordarte:

    “Esto no lo puedo resolver ahora. Mañana podré ocuparme de ello.”

    No se trata de convencerte de que todo va a salir bien.

    Se trata de reconocer que las dos de la mañana probablemente no sean el mejor momento para resolver problemas importantes.

    3. No intentes expulsar los pensamientos a la fuerza

    Este error es muy común:

    “Tengo que dejar de pensar.”

    Y entonces prestas todavía más atención a si estás pensando.

    Una alternativa es observar el pensamiento y dejarlo pasar.

    Por ejemplo:

    “Estoy pensando que mañana podría salir mal.”

    Después vuelves a aquello que estabas haciendo.

    No necesitas discutir con cada pensamiento.

    Tampoco necesitas creer todo lo que aparece en tu mente.

    4. Utiliza una respiración sencilla

    Puedes prestar atención a tu respiración durante unos minutos.

    No necesitas hacer respiraciones extremas ni intentar “forzar” la relajación.

    Simplemente observa cómo entra y sale el aire.

    Cuando aparezca un pensamiento:

    “Mañana tengo que…”

    lo reconoces y vuelves suavemente a la respiración.

    El objetivo no es conseguir una mente completamente vacía.

    Es reducir la atención que estás dedicando constantemente a las preocupaciones.

    Las técnicas de relajación forman parte de diferentes intervenciones psicológicas utilizadas en el tratamiento de problemas de sueño, aunque no deben presentarse como sustituto de tratamientos específicos cuando existe insomnio crónico.

    5. Prueba una relajación muscular

    Si además de pensar mucho notas que estás físicamente tenso, puedes probar una relajación muscular progresiva.

    Consiste, de forma general, en prestar atención a diferentes grupos musculares y relajarlos progresivamente.

    Por ejemplo:

    manos → brazos → hombros → mandíbula → cara → piernas.

    La finalidad es disminuir la tensión corporal y favorecer un estado más relajado.

    ¿Qué hacer si llevo mucho tiempo despierto en la cama?

    Esta es una de las recomendaciones más importantes para quienes tienen problemas recurrentes para dormir.

    No conviertas la cama en un lugar donde pasas largos periodos preocupado por no dormir.

    La terapia cognitivo-conductual para el insomnio incluye una técnica llamada control de estímulos, cuyo objetivo es volver a asociar la cama con el sueño y reducir la asociación entre cama y vigilia.

    Entre las recomendaciones utilizadas se encuentran acostarse cuando aparece sueño y levantarse de la cama si no puedes dormir, regresando cuando vuelva a aparecer somnolencia.

    Una aplicación práctica sería:

    Si llevas un tiempo despierto y notas que estás cada vez más frustrado, levántate, ve a un lugar tranquilo con poca luz y haz una actividad relajada. Vuelve a la cama cuando tengas sueño.

    Evita convertir ese momento en una oportunidad para trabajar, mirar redes sociales o revisar continuamente la hora.

    ¿Mirar el reloj empeora la ansiedad por no dormir?

    Puede convertirse en un problema.

    Cuando miras:

    00:30

    01:15

    02:05

    03:10

    cada cifra puede convertirse en una nueva razón para preocuparte.

    “Solo me quedan cuatro horas.”

    “Mañana no voy a funcionar.”

    “Ya debería estar dormido.”

    Si comprobar continuamente la hora te genera ansiedad, prueba a dejar el reloj fuera de tu campo de visión.

    No necesitas saber exactamente cuánto llevas despierto para descansar.

    ¿El móvil puede hacer que me cueste más desconectar?

    Puede contribuir, especialmente cuando su uso mantiene la mente ocupada justo antes de intentar dormir.

    Redes sociales, mensajes, noticias y vídeos pueden mantenerte mentalmente estimulado.

    Además, si utilizas el móvil en la cama para comprobar información, trabajar o entretenerte durante largos periodos, la cama puede convertirse en un lugar asociado a permanecer despierto.

    Por eso puede ser útil reservar un periodo tranquilo antes de acostarte sin redes sociales, noticias ni actividades que te activen.

    Pero conviene evitar presentar “la luz azul del móvil” como la explicación única de todos los problemas de sueño.

    El problema puede ser tanto la estimulación y el contenido como el hábito de permanecer despierto utilizando el dispositivo.

    ¿Qué hábitos pueden ayudarte a dormir mejor?

    Los hábitos relacionados con el sueño pueden ser útiles, pero no deberían considerarse una cura aislada para el insomnio crónico.

    Algunas medidas razonables son:

    Mantener horarios relativamente regulares

    Intenta levantarte a una hora parecida cada día.

    Reservar la cama para dormir

    Evita convertirla en tu lugar habitual para trabajar, estudiar o pasar horas navegando por internet.

    Reducir estimulantes cerca de la noche

    Presta especial atención a la cafeína y a otras sustancias estimulantes.

    Evitar cenas excesivamente pesadas justo antes de acostarte

    Sobre todo si notas que afectan a tu descanso.

    Mantener el dormitorio adecuado para dormir

    Oscuridad, temperatura confortable y poco ruido pueden favorecer un entorno apropiado.

    Estas medidas forman parte de una buena higiene del sueño, pero las guías clínicas señalan que la higiene del sueño por sí sola no es el tratamiento principal del insomnio crónico. Para ese problema, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) cuenta con una recomendación más sólida.

    ¿Qué hacer si tus pensamientos aparecen justo al cerrar los ojos?

    Puedes probar este ejercicio:

    Paso 1

    Reconoce el pensamiento.

    “Estoy preocupado por mañana.”

    Paso 2

    No intentes resolverlo inmediatamente.

    “Puedo ocuparme de esto mañana.”

    Paso 3

    Vuelve a una sensación concreta.

    La respiración.

    El contacto de la cabeza con la almohada.

    El peso del cuerpo sobre el colchón.

    Los sonidos del entorno.

    Paso 4

    Cuando aparezca otro pensamiento, repite.

    No necesitas hacerlo perfecto.

    El ejercicio consiste precisamente en volver una y otra vez al presente.

    ¿Y si me despierto de madrugada y mi cabeza empieza otra vez?

    Puede ocurrir.

    Quizá te despiertas para ir al baño, por un ruido o aparentemente sin motivo y, en pocos segundos, tu mente comienza:

    “¿Qué hora es?”

    “¿Cuánto he dormido?”

    “Mañana voy a estar cansado.”

    “¿Y si ahora no consigo volver a dormirme?”

    Intenta no convertir el despertar en una sesión de análisis.

    Evita comprobar repetidamente la hora.

    No cojas el móvil para empezar a buscar soluciones.

    Haz aquello que normalmente te ayuda a relajarte.

    Si permaneces despierto y cada vez estás más frustrado, puedes aplicar el principio de control de estímulos: levantarte temporalmente y volver a la cama cuando vuelva a aparecer sueño.

    ¿Pensar demasiado por la noche significa que tengo ansiedad?

    No necesariamente.

    Puedes tener pensamientos nocturnos porque estás preocupado por una situación concreta, estás atravesando una etapa de mucho estrés o tienes asuntos pendientes.

    La ansiedad se vuelve más probable cuando existe un patrón más amplio de preocupación excesiva o síntomas asociados.

    Por ejemplo:

    • preocupación difícil de controlar;
    • nerviosismo frecuente;
    • tensión física;
    • sensación de estar constantemente en alerta;
    • dificultad para relajarte;
    • problemas de concentración;
    • alteraciones del sueño;
    • evitación de determinadas situaciones.

    Por eso, no sería correcto diagnosticar ansiedad únicamente porque piensas mucho antes de dormir.

    ¿Pensar mucho por la noche significa tener insomnio?

    Tampoco necesariamente.

    Una mala noche o unos días de sueño irregular no equivalen automáticamente a un trastorno de insomnio.

    El insomnio implica dificultades persistentes para iniciar o mantener el sueño o despertares tempranos, acompañadas de consecuencias durante el día, y su valoración depende también de la frecuencia y duración del problema.

    Cuando existe un insomnio crónico, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio es considerada el tratamiento de referencia entre las intervenciones conductuales y psicológicas.

    ¿Cuándo deberías pedir ayuda?

    Puedes empezar por cambiar determinados hábitos y observar qué ocurre.

    Pero no tienes que enfrentarte indefinidamente al problema por tu cuenta.

    Conviene consultar con un profesional sanitario si:

    • te cuesta dormir de forma habitual durante un periodo prolongado;
    • la falta de sueño afecta a tu rendimiento diario;
    • estás constantemente preocupado por dormir;
    • la ansiedad interfiere en tu vida;
    • los despertares nocturnos son frecuentes;
    • el problema está afectando a tu trabajo, estudios o relaciones;
    • existe somnolencia importante durante el día;
    • sospechas que existe otro problema de salud que está afectando al sueño.

    En el caso del insomnio crónico, la CBT-I cuenta con una fuerte recomendación clínica y trabaja precisamente sobre los pensamientos y comportamientos que pueden mantener el problema.

    Un método de 15 minutos para descargar la mente antes de dormir

    Puedes probar esta rutina durante varios días.

    Minutos 1-5: vacía la cabeza

    Escribe todas las preocupaciones, tareas o asuntos pendientes que tengas en mente.

    No intentes resolverlos.

    Simplemente escríbelos.

    Minutos 6-10: decide qué puedes hacer mañana

    Elige las preocupaciones sobre las que realmente puedas actuar.

    Escribe una acción concreta para el día siguiente.

    Por ejemplo:

    “Llamar al médico.”

    “Responder ese correo.”

    “Hablar con mi pareja.”

    Minutos 11-15: transición al descanso

    Apaga las pantallas.

    Reduce los estímulos.

    Siéntate tranquilamente o túmbate y presta atención a la respiración.

    Cuando aparezca un pensamiento, no intentes expulsarlo.

    Reconócelo y vuelve a tu respiración.

    Este ejercicio no garantiza que te duermas en quince minutos.

    Su finalidad es crear una transición entre resolver problemas y prepararte para descansar.

    Qué NO hacer cuando tu cabeza no para por la noche

    No intentes solucionar toda tu vida a las 2 de la mañana

    La noche no es el mejor momento para tomar decisiones importantes cuando estás cansado.

    Anota lo necesario y déjalo para el día siguiente.

    No compruebes continuamente la hora

    Si hacerlo te genera preocupación, deja el reloj fuera de tu campo visual.

    No permanezcas horas frustrado en la cama

    El control de estímulos utilizado en CBT-I recomienda evitar asociar la cama con largos periodos de vigilia.

    No utilices alcohol como método para dormir

    Que una sustancia produzca somnolencia inicialmente no significa que sea una estrategia adecuada para mejorar el descanso.

    Además, el alcohol puede alterar el sueño.

    No conviertas una mala noche en una catástrofe

    Pensar:

    “Mañana será un desastre porque he dormido mal.”

    puede añadir todavía más preocupación.

    Intenta centrarte en lo que realmente puedes hacer al día siguiente y volver a tu rutina habitual.

    ¿Y si los pensamientos nocturnos están relacionados con algo que me preocupa de verdad?

    Entonces quizá el objetivo no sea conseguir que tu mente deje de pensar.

    Quizá sea aprender a pensar sobre ese problema en el momento adecuado y de una manera más útil.

    Por ejemplo:

    Si tienes un conflicto con alguien, puedes escribir qué quieres hablar mañana.

    Si tienes un problema laboral, puedes anotar la siguiente acción.

    Si estás preocupado por una decisión, puedes escribir las opciones y decidir cuándo revisarlas.

    Esto transforma:

    “Tengo que resolverlo ahora.”

    en:

    “Tengo un plan para ocuparme de esto mañana.”

    Esa diferencia puede reducir parte de la necesidad de seguir repasando el problema durante la noche.

    Mi experiencia con los pensamientos nocturnos

    Durante una etapa de ansiedad también experimenté esa sensación de acostarme cansado y descubrir que mi cabeza parecía no saber cómo parar.

    Pensamientos sobre problemas, conversaciones, errores y situaciones futuras podían aparecer justo cuando más necesitaba descansar.

    Algo que aprendí fue que intentar “dejar la mente en blanco” no me ayudaba.

    Cuanto más intentaba comprobar si estaba pensando, más consciente era de mis propios pensamientos.

    Con el tiempo empecé a encontrar más útil observarlos con cierta distancia, escribir aquello que podía resolver al día siguiente y dedicar unos minutos a respiración y meditación.

    Esta experiencia es personal y no significa que las mismas estrategias funcionen de la misma manera para todo el mundo. Precisamente por eso, este artículo no pretende sustituir la atención de un profesional.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo hago para dejar de pensar por la noche?

    No necesitas conseguir que tu mente se quede completamente en blanco. Prueba a escribir las preocupaciones, decidir qué puedes resolver al día siguiente y después centrar tu atención en una actividad tranquila como la respiración.

    ¿Por qué pienso demasiado cuando me meto en la cama?

    Puede ocurrir porque disminuyen las distracciones del día y empiezas a prestar más atención a preocupaciones, tareas pendientes o emociones acumuladas.

    ¿Por qué tengo sueño durante el día pero por la noche no puedo dormir?

    Puede existir una combinación de horarios, hábitos, siestas, exposición a estímulos por la noche, estrés o ansiedad. Si ocurre con frecuencia, conviene valorar el patrón completo del sueño.

    ¿Qué hacer cuando la mente no para y necesito dormir?

    Evita luchar contra los pensamientos. Escribe aquello que te preocupa, reduce los estímulos y, si permaneces despierto y frustrado durante un tiempo, levántate temporalmente y vuelve a la cama cuando vuelva a aparecer sueño, siguiendo el principio de control de estímulos utilizado en CBT-I.

    ¿Es ansiedad pensar demasiado antes de dormir?

    No necesariamente. Los pensamientos nocturnos pueden aparecer por estrés, problemas concretos, cambios en la rutina u otras razones. La ansiedad es solo una de las posibles explicaciones.

    ¿Qué puedo hacer si me despierto a mitad de la noche y no dejo de pensar?

    Evita mirar repetidamente la hora o utilizar el móvil para distraerte. Si estás cada vez más despierto y frustrado, puedes levantarte durante un rato y volver a la cama cuando tengas sueño.

    Conclusión: no necesitas apagar tu mente por completo

    Cuando te preguntas “¿por qué no puedo dejar de pensar por la noche?”, es fácil creer que tienes que conseguir que tu mente se quede completamente en silencio.

    No es necesario.

    Los pensamientos forman parte de la actividad normal de la mente.

    El objetivo puede ser diferente:

    aprender a no engancharte a cada pensamiento que aparece y crear unas condiciones más favorables para descansar.

    Escribir las preocupaciones, planificar las tareas para el día siguiente, reducir estímulos, no convertir la cama en un lugar de frustración y utilizar estrategias de relajación pueden ayudarte.

    Y si el problema se vuelve persistente, no tienes por qué limitarte a probar trucos de internet. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio es una intervención estructurada y cuenta con una recomendación fuerte para el tratamiento del insomnio crónico en adultos.

    Esta noche no necesitas resolver toda tu vida.

    Quizá solo necesites decirte:

    “Esto puede esperar hasta mañana.”

    Y permitirte descansar.

    Sobre el autor

    Cristian García es creador de Tucrecimiento.net y divulgador de desarrollo personal y bienestar emocional.

    En sus contenidos combina experiencia personal, reflexión y divulgación basada en fuentes sanitarias y científicas. Su experiencia personal no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento realizado por profesionales de la salud.

    Fuentes científicas y sanitarias

    American Academy of Sleep Medicine / Journal of Clinical Sleep Medicine. Guía de práctica clínica sobre tratamientos conductuales y psicológicos para el insomnio crónico en adultos. Recomienda con fuerza la terapia cognitivo-conductual multicomponente para el insomnio (CBT-I) y contempla, entre sus componentes, control de estímulos, terapia cognitiva y otras estrategias conductuales.

    World Sleep Society. Declaración internacional sobre las guías de tratamiento del insomnio. Respalda la recomendación de CBT-I como tratamiento de elección para el trastorno de insomnio.

    Cognitive Behavioral Therapy for Insomnia: A Primer. Revisión que explica los componentes de CBT-I y los factores que pueden contribuir a mantener el insomnio, incluyendo preocupaciones relacionadas con el sueño y determinados comportamientos.

    Journal of Sleep Research. Revisión sistemática y metaanálisis sobre el control de estímulos utilizado en el tratamiento del insomnio. Sus resultados apoyan su utilidad frente a condiciones de control, aunque los autores señalan limitaciones y riesgo de sesgo en la evidencia disponible.

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